Los elogios generales de la lectura tienen un problema: fomentan la venta de los libros, pero olvidan que el mundo está lleno de libros malos: apenas redactados, llenos de engoladas preceptivas y profundidades fingidas.
Como la vida es breve y apenas alcanza para leer unos pocos libros, me he construido con los años un radar para identificar en pocos párrafos si vale la pena seguir leyendo un libro de ficción. Hay dos criterios que rara vez fallan: los nombres de los personajes y los diálogos.
Lo de los diálogos parece obvio, pero no lo es. Hay muchos que ponen a sus personajes a hablar como robots: a una pregunta le sigue una respuesta perfectamente articulada y coherente y, en ocasiones, se desliza información que es pertinente para entender...