Transición propia del cambio de administración presidencial, que no se hizo de inmediato. El presidente Iván Duque dio un compás de espera, para observar al interior de las FF.MM. cuál podría ser esa cúpula y para una planeación del orden operacional, con base en su plan inicial de 100 días y el Plan Bicentenario, que ejecutará el nuevo mando desde 2019.
El proceso con las Farc fue consecuencia de la acción sostenida de las Fuerzas Armadas, y el debilitamiento estratégico irreversible durante los tres últimos gobiernos. El comandante en jefe de las FF.AA., el Presidente, consideró posible una negociación y las Fuerzas Militares acompañaron ese proceso, con representantes del Ejército en La Habana, para evitar cambios a las Fuerzas Militares.
Preocupa la lectura según la cual las FF.MM. hubiesen estado de brazos caídos en el gobierno del presidente Santos. No, fue esa acción militar la que obligó a las Farc a buscar una salida negociada (si fue el mejor acuerdo o no, eso se puede discutir).
Quedan violencias residuales y 8.000 hombres en armas, para seguir la lucha, y esta cúpula tiene toda capacidad e idoneidad para cumplir la política del presidente Duque.
Hablar de mandos troperos o académicos le hace mal a la institución. El soldado en sí está preparado para cumplir su misión, sin que se le encasille, como si hubiese “blandos y duros”. Todo mando busca cumplir sus tareas, objetivos y orientaciones estratégicas.
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