Él llega en un momento difícil, de ostracismo para este gobierno, y recibe el cargo de Germán Vargas, que consiguió importantes realizaciones en materia de infraestructura y construcción de vivienda.
Tendrá que afrontar una situación compleja: cómo encarar el reclamo de los Estados Unidos por el incremento de los cultivos ilícitos, porque como negociador en Cuba se comprometió y ayudó al gobierno Santos a firmar acuerdos que optaban por la erradicación manual y la suspensión de las aspersiones aéreas con glifosato, factor principal para que el país pasara de 50 mil hectáreas sembradas a casi 200 mil.
En el tema de derechos humanos es una persona sin antecedentes negativos. Puede cumplir una labor efectiva y motivar a la Fuerza Pública para que detenga los ataques contra líderes sociales y activistas. Habrá alguna esperanza de que por lo menos la situación no empeore.
Para la implementación de los acuerdos no tiene el perfil político adecuado en un proceso que además tiene dividido al país. Incluso, él ya descalificó a los opositores en una ocasión con términos desobligantes, lo que lo expone a ser atacado de la misma manera. En seguridad, sus resultados fueron contra organizaciones centralizadas, al estilo clásico, muy diferentes a las bandas dispersas y atomizadas del microtráfico y la microextorsión que tenemos hoy.