<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Síguenos en:
Columnistas | PUBLICADO EL 19 julio 2021

¿Y si no quiere volver a la oficina?

Por juan david escobar valenciaredaccion@elcolombiano.com.co

El hombre es y ha sido un animal de costumbres. Somos esclavos de lo habitual desde que los humanos primitivos sabían por simple comparación que eran solo otro de los animales de la naturaleza, y luego que dejamos de aceptarlo mansamente y empezamos a considerar con soberbia que los animales eran los que no éramos nosotros. Las razones de esa creencia es tarea de antropólogos o etólogos, pero sin serlo es fácil suponer que es el miedo a la incertidumbre lo que, erguidos o no, con más o menos pelo en la piel, colgados en los árboles o apilados en edificios de apartamentos, explica esta condición. Nos aterra lo infrecuente, así despotriquemos de la rutina.

Cuando hace más de un año nos confinaron en nuestras casas a vivir y trabajar simultáneamente, saltaron los lamentos y quejas por lo antinatural, súbito, involuntario, románticamente destructivo, estéticamente amenazante, mentalmente peligroso y hasta medio antihigiénico que sería el trabajo en casa.

Ahora que equivocadamente se cree que la vacuna es un repelente de virus y ya es hora de abandonar la “nueva normalidad” y retornar a la de siempre, les dicen a los humanos, más “domesticados” que nunca, que deben regresar y reacostumbrarse a las oficinas que dejaron en 2020. Pero luego de año y medio de encierro, o estabulación, no todos quieren volver al mundo exterior, despertarse dos horas antes, afeitarse diario, apretujarse en un bus con gente con la que nunca hubieras querido compartir planeta, hacer fila para calentar almuerzo en microondas impregnados de olores de sazones ajenas, no poder echarse una pestañeada de 5 minutos en su cama luego del almuerzo, e impregnarse en el Metro de los “aromas” de gente sudada todo el día al sol, cuando retornan al hogar que se había vuelto su castillo donde reinaban en chancletas y sudadera.

Pero, aunque solamente el 18% de la fuerza laboral del planeta pudo “teletrabajar” y más de 2.600 millones no adquirieron nuevas costumbres, es inevitable pensar que una parte importante del teletrabajo volverá a las oficinas. Por eso, al mejor estilo “coaching ontocuántico psicomolecular”, le propongo algunas ventajas que lo motiven al “feliz regreso a la oficina”. Piense que se librará de intentar explicarle a sus hijos en casa qué es el “mínimo común múltiplo” o calcular a pura uña una raíz cuadrada, atender a los comandos urbanos de los Testigos de Jehová y vendedores de aspiradoras, verá con alivio que hay otros con pareja menos agraciada que la suya, comprobará que usted no es el único blancuzco y flácido de la galaxia y que otros también engordaron tanto que ya no les sirven ni las medias, evidenciará, no virtual sino presencialmente, como está de “repuesta” la de auditoría y de calvo el de mantenimiento, y hasta podrá despotricar de su jefe en estéreo con algún compañero de oficina.

Póngale ánimo que el mundo nos obligará cada vez más a acostumbrarnos a desacostumbrarnos

.