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Voces líderes

Reconocimiento público y poder no hacen al líder, pues quien solo quiere eso no educa y si no se educa no aporta al contrato social. Por eso, se necesitan nuevas voces o que las existentes suban el tono.

19 de febrero de 2024
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  • Voces líderes

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Vaya a su memoria y explore las palabras de personas que lo orientaron y le dejaron alguna enseñanza.

¿Cuál fue su legado? Quizás alguna carga moral que se tradujo en valores, formas de ver las cosas y referencias para actuar y que hoy hacen de usted quien decidió ser. Ese líder, en cierta medida, lo educó. Créame, no es un asunto menor, pues ese es uno de los pilares para que usted hoy sea un ciudadano.

Ahora, pregúntese lo mismo respondiendo sobre el hoy: ¿quién es su líder?

Voy a tratar de explicar eso teniendo como referencia El contrato social de Jacques Rousseau.

Decía Rousseau que el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe, como si fuera una condena a la que se sometió por existir. Pero la educación surge como un catalizador. Si la educación exalta al ser, le permite aprender desde sus sentimientos y entender lo bueno y lo malo. Su esencia podría rescatarse.

Así se establece una especie de contrato social que media la existencia del individuo con la sociedad y lleva a la persona a cumplir reglas de interés colectivo.

Sí es así, aparece el ciudadano.

¿Por qué esto al caso? Porque el contrato social ha sido clave en la construcción de la democracia moderna al indicar esa relación entre lo colectivo y lo individual y poder ser seres libres que ejercen sus derechos y cumplen con sus deberes.

Vuelvo a la pregunta: ¿esos líderes de hoy fortalecen el contrato social?

La democracia, por sus designios populares, nos somete a escuchar voces de los líderes. Sin embargo, como están las cosas en nuestro país, asistimos a una cosa pública plagada de seres con una sed de poder inimaginable, que los lleva a elucubrar, palabra que por definición lo dice todo: “Elaborar una divagación complicada y con apariencia de profundidad”.

Reconocimiento público y poder no hacen al líder, pues quien solo quiere eso no educa y si no se educa no aporta al contrato social. Por eso, se necesitan nuevas voces o que las existentes suban el tono. ¿Cuáles? Sin duda, las que ayudan desde cualquier ámbito a generar valor para la sociedad.

Desde lo público, líderes que muestren caminos sensatos para tener una oferta pública respetuosa de las libertades para que los individuos puedan convivir en sociedad.

Desde lo privado, voces que defiendan la visión de un sector productivo voluntarioso y con convicción de generar prosperidad sostenible. Voces que vayan más allá de las empresas y que conecten su valor social como agentes de cambio con propósitos superiores.

Voces comunitarias que pongan agua fría al peso del discurso militante, palabra que rima con “aislante”, para que no se desconecten del mundo por falsas esperanzas que les venden.

En un mundo polarizado no es un secreto que nuestro país necesita con urgencia que las cabezas de esos líderes se asomen para enfrentar a la autoridad sesgada, esa que se cree capaz de refundar con eufemismos el contrato social.

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