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Ser bolivariano imprime carácter de bondad, de responsabilidad, de firmeza, de caridad, de amor y entrega por el deber y por la familia.
Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com
El 15 de septiembre de 1936, un grupo de profesores y estudiantes provenientes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, fundaron la Universidad Católica Bolivariana, que algunos años más tarde adquirió el status de Pontificia, convirtiéndose en una de las pocas universidades católicas del mundo con este alto grado.
Desde su fundación y reconocimiento por el entonces arzobispo Tiberio de J. Salazar y Herrera, la UPB se caracterizó por su entrañable preocupación por el ser y el estar de cada uno de los miembros de su comunidad universitaria y sus familias. Toda una sociedad se integró a la universidad.
Monseñor Félix Henao Botero, rector magnífico, quien recibió del Papa el título de protonotario apostólico, aprovechó su extenso periodo en la rectoría para dar de manera permanente muestras de devoción por la doctrina social de la Iglesia, con especial énfasis en la conformación, desarrollo y proyección de la familia.
El Espíritu Bolivariano, importante legado del primer rector Monseñor Manuel José Sierra, es el documento fuente de inspiración en el ser y el hacer del estudiante y el profesional de nuestra universidad. En este documento se reconoce de manera implícita la importancia de la familia como núcleo de la sociedad, mensaje que fue siempre objeto de preocupación por los diferentes rectores, destacando el trabajo que viene realizando el padre Diego Marulanda, actual rector.
Monseñor Henao se preocupó con especial cariño por difundir en todos los niveles el espíritu de la Universidad, utilizando frases de apoyo, que compartía con profesores y estudiantes, como aquellas según las cuales, todo bolivariano apoya al bolivariano, siempre habrá un bolivariano dispuesto a vincular laboralmente a un bolivariano, los bolivarianos constituyen una comunidad diferente, pero especialmente, una comunidad solidaria dispuesta a practicar el mensaje social de la Iglesia. En síntesis, la Universidad Pontificia Bolivariana es una gran familia. La universidad no es simplemente una opción, es una devoción. Ser bolivariano imprime carácter de bondad, de responsabilidad, de firmeza, de caridad, de amor y entrega por el deber y por la familia.
La universidad inició su funcionamiento en el centro de Medellín, pero su expresión como forjadora de sociedad se vivió con énfasis especial en la parte central occidental de la ciudad: Belén, Laureles, Santa Teresita, San Joaquín, la América, Conquistadores y barrios aledaños. Izar la bandera en momentos de fiesta o de luto, implica un honor. La defensa de la familia continúa siendo un mensaje de la universidad. No obstante, los retos y la evolución del concepto en el siglo XXI, con un predominante acento pragmático y tecnológico, la universidad, manteniendo su rico acervo filosófico y teológico, y adaptándose a los cambios que se avecinan en la educación integral, sigue siendo la universidad de las familias de este milenio: Científica, tecnológica, destacada en la enseñanza y en la investigación de vanguardia, pero cuidadosa de su mensaje filosófico y teológico, cuyo centro es el desarrollo espiritual del ser humano en su familia.