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Columnistas | PUBLICADO EL 23 enero 2022

Una Sociedad para todos

Por María Luisa Zapata Trujillo JuntasSomosMasMed@gmail.com

Esta semana fue publicado un nuevo estudio del Banco Mundial sobre la desigualdad en Colombia titulado “Construyendo una Sociedad Equitativa en Colombia”. Me temo que no nos sorprende cuando dicen que somos uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. De hecho, reafirma que en Latinoamérica y el Caribe somos el segundo país más desigual, luego de Brasil, y al mismo tiempo ocupamos el primer puesto en el grupo de países de la Ocde. Es pertinente aprovechar la actualización de estos informes para revisar qué ha sucedido y, dentro de lo que falta por hacer, qué me corresponde a mí y qué le corresponde a usted. Estas problemáticas estructurales hace mucho tiempo dejaron de ser agenda solo del Estado, de lo público. Tomemos cartas en el asunto.

De acuerdo con los elementos de la exclusión social planteados desde el marco de la Fundación LaidLaw desde 2002, esta se da en dimensiones como el acceso a la cultura, la salud, el desarrollo económico, el medio ambiente, las leyes, lo político, las relaciones, la accesibilidad, el espacio público, entre otros. Por supuesto, en nuestro país elementos como la violencia, la falta de acceso a créditos, la inseguridad y el miedo nos segregan más y parecieran alejar los caminos para lograr una sociedad en donde todos nos sintamos parte y con igualdad de oportunidades. El mismo estudio del Banco insiste en que en Colombia se presentan dos principales momentos que crean desigualdad. El primero corresponde al lugar y las circunstancias en las que naces, lo cual determina en gran medida el acceso a la educación que tendrás. Un segundo momento corresponde al acceso que tengas a un trabajo formal y adecuado para mejorar las condiciones que te rodean.

Por mi parte, creo que estamos despertando como sociedad ante la corresponsabilidad que todos tenemos frente a esta problemática. Ojalá pudiéramos decir que desde todos los sectores llevamos años incorporando agendas que valoren la diversidad y diseñen la inclusión en las organizaciones, pero me temo que en la mayoría de los casos el despertar es ahora y debemos crear nuevas realidades para intentar ponernos al día.

Quiero invitar a cada uno de ustedes para que se sienta parte de este reto y que cuando la discusión llegue a sus entornos usted pueda preguntarse sobre aquello que está bajo su injerencia cambiar o promover; y es que yo comparto una reflexión que hace uno años nos presentaba el profesor Nouman Ashraf de la Universidad de Toronto a algunos líderes empresariales de esta ciudad: “De todas las herramientas que existen para la inclusión, la mejor herramienta somos nosotros mismos”.

Un futuro donde todos tengamos más oportunidades pasará por las decisiones que hoy tomemos en materia de diversidad y diseño de la inclusión. A nivel organizacional hay muchas acciones que se pueden promover desde la revisión de procesos de selección que eliminen los sesgos que los condicionan sin querer, la creación de programas de mentorías dentro de las empresas, así como la incentivación de la creación de escenarios en donde haya un amplio networking entre los empleados, entre otras tantas acciones. Yo le sumo a esto que nos hagamos siempre la pregunta: ¿Quién nos falta en la mesa? Que interioricemos tanto el hecho que se nos haga raro no ver nuestra propia diversidad como país en los escenarios de toma de decisión.

Como dicen por ahí, y nos comparte Nilima Bhat en su libro Shakti Leadership, “un problema no puede resolverse en el mismo nivel de consciencia en que se generó. Debemos movilizar las fuerzas que nos ayudarán a evolucionar hacia otro nivel”. Dedicarle un buen tiempo a la lectura del informe que traigo a colación es un paso adelante, pero, más allá, la inclusión requiere decisión 

María Luisa Zapata
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