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Columnistas | PUBLICADO EL 17 junio 2022

Una final con un mal árbitro

Las distancias holgadas entre el número de votos de todos los candidatos en primera vuelta hicieron que, en este país que fácil olvida, la pésima y todavía no aclarada actuación de la Registraduría quedara en desmemoria.

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

El mejor árbitro es al que no se le conoce el nombre: el que pasa desapercibido, el que haciendo bien su trabajo logra que su presencia no se note. El pasado 13 de marzo, por primera vez en mucho tiempo, el árbitro designado para las elecciones en Colombia hizo tan mal su trabajo que provocó que su nombre estuviera en boca del país entero: la diferencia entre el preconteo y el escrutinio en las legislativas hizo que los colombianos, lamentablemente, tuvieran que conocer a un personaje triste como el registrador Álex Vega. Un leguleyo designado a las tinieblas tuvo que recibir reflectores, algo con lo que absolutamente nadie ganó.

No creo que en las elecciones legislativas de marzo haya habido un intento de fraude generalizado. En un sistema tan probado y descentralizado, me inclino a creer que la mezcla de formatos E-14 confusos y jurados inexpertos provocaron errores sistemáticos en el preconteo. Sin embargo, es muy difícil convencer al país de que una diferencia de más de un millón de votos entre el preconteo y el escrutinio se pueda atribuir totalmente a un error de diseño. El reflejo es una total desconfianza frente a lo que pasó el 13 de marzo en todo el espectro político: la izquierda y el Pacto Histórico creyendo que les iban a robar tres curules; Uribe, Pastrana y la derecha denunciando una conspiración para que el petrismo pasara de 16 a 19 escaños en el Senado. Una pérdida absoluta de credibilidad en una institución que en los últimos años siempre había actuado de forma correcta, y para la cual al día de hoy no tenemos respuesta: más allá de la salida en falso por parte del registrador para pedir un reconteo generalizado, Colombia no tiene una respuesta clara sobre qué fue lo que causó semejante error.

Las distancias holgadas entre el número de votos de todos los candidatos en primera vuelta hicieron que, en este país que fácil olvida, la pésima y todavía no aclarada actuación de la Registraduría quedara en desmemoria. Sin embargo, ahora que las últimas encuestas de intención de voto indican que la segunda vuelta entre Petro y Rodolfo será las más reñida desde Samper y Pastrana en el 94, una elección en la que el siguiente presidente podría definirse por unos pocos miles de votos, la credibilidad de Álex Vega y la Registraduría se vuelven determinantes. “No hay neutralidad en la cúpula de la Registraduría. Tiene una afinidad clara con el otro candidato”, afirmó en una entrevista a El País este lunes el candidato Gustavo Petro. No es la primera vez que sugiere que se conspira fraude en su contra. Lo mismo hizo en su derrota en el 2018. Sin embargo, en caso de una elección cerrada, este año sus denuncias tendrían todo el panorama a su favor.

La diferencia entre el preconteo y el escrutinio de la primera vuelta fue de apenas el 0,1 %, lejos del error de más del 6 % de las legislativas. Sin embargo, ese argumento de nada servirá en caso tal que cualquiera de los dos candidatos antisistema llame a sus seguidores a “defender al país de un robo” luego de los resultados de este domingo. Para garantizar no perder nuestra tradición de transiciones pacíficas del poder, ojalá quien gane, sea quién sea, lo haga por un amplio margen 

David González Escobar

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