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Columnistas | PUBLICADO EL 17 enero 2022

Un gran acuerdo

Por Ricardo mejía cano www.ricardomejiacano.com

Lo que está en juego no es cuál de los candidatos ganará, sino qué modelo de país y sistema de gobierno queremos.

¿Queremos un país que defiende y respalda la iniciativa privada y la separación de poderes o uno que suprime la primera y elimina la independencia entre los últimos? ¿Con la educación, el respeto a las instituciones y libertades de Finlandia o sumido en la ignorancia, el sometimiento de los poderes al ejecutivo y restricción de las libertades de Venezuela?

Por razones laborales viajé mensualmente a Venezuela del 2007 al 2017 y pude observar cómo se fueron alejando las oportunidades de progreso y cómo fue cayendo en la miseria y el abandono. En esos años era frecuente ver a Petro dialogando con Chávez primero y luego con Maduro.

El candidato de la Colombia Humana trata de camuflar sus verdaderas intenciones, pero no debe quedar duda de su modelo de país. Además, como se vio en su alcaldía en Bogotá, es pésimo administrador. Comprensible: toda su vida ha vivido o del secuestro o del Estado. ¿Entonces por qué tiene tanto dinero?

Los jóvenes deben hacer una reflexión, pues se trata de elegir entre promover la creatividad o cercenarla. ¿Que el sistema democrático requiere una revisión? Nadie lo pone en duda. Pero las otras alternativas son peores.

La Justicia y la educación, dónde están nuestros problemas más graves, han estado en manos de la izquierda radical por varias décadas y no han hecho ni permitido introducir las reformas urgentes que necesitan.

El estricto control de precios, la nacionalización de las principales empresas y la ineficacia del gobierno venezolano dieron como resultado que las estanterías de los supermercados se quedaran vacías. Su lucha contra la inflación ha sido novedosa: eliminando 14 ceros al bolívar. Finalmente perdieron la batalla: la economía se dolarizó.

El Hotel Intercontinental de Valencia y el Hilton de Barquisimeto, que daban empleo, divisas y traían a turistas, fueron también nacionalizados con “mucho éxito”. La última vez que estuve allí el nivel de suciedad en los dos hoteles era lamentable y uno no se podía comunicar de la habitación con la recepción, porque no tenían dinero para reparar la centralita.

El socialismo del siglo XXI forzó a más de cinco millones de venezolanos a emigrar para buscarse un futuro, la mayoría de ellos de los sectores más pobres de la población. ¿Nos pasará lo mismo a los colombianos? Tremenda disyuntiva para quienes siempre hemos querido morir acá.

La revocatoria de Quintero en Medellín se ha convertido en un primer pulso en la definición del país que queremos. Quintero, como Petro, tiene odio por la iniciativa y el sector privado. A ambos les encanta lo turbio y oscuro: las bolsas de plástico con billetes y las historias fantasiosas y mentirosas. Las empresas que, supuestamente, ha creado Quintero son fundamentalmente para contratar con el Estado. Así como Maduro y sus aliados hicieron una fortuna chupándose a Venezuela, Quintero y su familia están chupándose a Medellin. La revocatoria de Quintero es la expresión de los sentimientos de libertad, optimismo y transparencia de Medellín, Antioquia y Colombia. Todos los candidatos se deberían manifestar a favor de la revocatoria.

Igual los empresarios. Las democracias en el mundo están en riesgo, la responsabilidad social empresarial no es suficiente, los empresarios deben mostrar también responsabilidad política.

Esperar que los partidos que defienden la economía de mercado y el sistema democrático se alinearán después de la primera vuelta es iluso. Tres semanas no son suficientes. De todos los candidatos, solo uno será elegido. Pero hay uno que si gana, significará el fin de la carrera de los demás. Así que estos debían ser más humildes y buscar entre todos un Gran Acuerdo 

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