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Columnistas | PUBLICADO EL 09 noviembre 2021

Tendencias del pensamiento económico

Hernán González Rodríguez

Para aproximarnos al pensamiento del título de este artículo sugiero digitar en Google: El Premio Nobel 2021 y la tendencia del pensamiento económico. Autor: Peter G. Klein. A continuación, mi aproximación al tema.

El Premio Nobel de Economía 2021 les fue otorgado a David Card, de Berkely, a Josh Angrist, del MIT, y a Guido Imbens, de Stanford, por su trabajo en “experimentos naturales”, enfoque hoy de moda para estimar el impacto casual de una variable económica sobre otra. Por ejemplo, para saber si un aumento de la variable x causa un aumento o una disminución sobre la variable y.

Ejemplo concreto. Card se hizo famoso en 1994, en compañía del difunto Alan Kruger, cuando afirmaron que un aumento del salario mínimo no conducía a un aumento del desempleo. Basaron su afirmación comparando el cambio en el empleo en restaurantes de comida rápida en Nueva Jersey, donde sí se aumentó el salario mínimo estatal, con el de su vecina Pensilvania, donde no se elevó este. Resultado: no encontraron diferencias sustanciales entre ambas zonas por medio de su enfoque empírico.

La clave de los “experimentos naturales” es poder contar con grupos de personas tratadas en forma diferente. Más ejemplos. Estudiar cómo afecta la migración los salarios y los empleos de un país. Analizar el estándar de vida de un colombiano con elevada educación frente a otro con modesta educación.

Reconoce el autor Klein que los detalles del estudio de Card-Kruger son ampliamente disputados por doquier. Pero sí les reconoce, sin embargo, que ayudó su trabajo a la revolución entre la microeconomía tradicional “enfocada en modelos” —esto es, en representaciones simplificadas entre variables distintas para explicar un fenómeno particular— y la nueva, la “enfocada en el diseño” —o sea, en desarrollar las capacidades de los gobiernos y las empresas para responder a los cambios económicos globales—. Angrist e Imbens desarrollaron técnicas econométricas para demostrar que, por medio de la relación de causa —la educación, por ejemplo— y su efecto —el nivel de vida—, sí podían sacarse conclusiones precisas con este enfoque.

Para los austriacos, y para muchos otros críticos, esta galardonada tendencia del pensamiento económico no está exenta de críticas lógicas, porque sus métodos, tanto los experimentales como los cuasiexperimentales, no pasan de proporcionarnos una visión histórica, empírica y limitada, carente de “validez externa”, porque uno nunca sabe si los resultados se mantendrán en otros entornos.

Y concluye el señor Klein: “La popularidad decreciente de esta teoría se debe a la creencia ingenua de la ciencia, tal como la censuró lord Kelvin, quien no aceptaba que la credibilidad de los resultados tuviera que ver solo con la medición de los datos y creer que de alguna manera sus resultados “hablan ellos por sí mismos”, cuando, en realidad, los datos empíricos son útiles solo en la forma como son interpretados por el pensamiento, la elección y la actuación de los seres humanos que los analizan”.

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