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Columnistas | PUBLICADO EL 21 febrero 2015

SOBRE MOVILIDAD

Porjosé guillermo ángeljoseg_angel@yahoo.es

Estación Obstáculo, en la que abundan los absurdos y la falta de inteligencia: vías repletas de vehículos que despiden humos y ruidos, desgaste de llantas por los frenazos continuos y polvo producto de malas pavimentaciones y donde un flaneur cualquiera (el que recorre la ciudad a pie y por placer) ve a los carros peleando con los buses, las motos con los camiones, al sistema de metro con los colectiveros y los peatones con lo que venga, todo en un baile de impedidos, en la que la ciudad suena como una orquesta de principiantes y todos se pisan.

Y en estas calles a reventar y supuestas avenidas, presuntas autopistas y bulevares de dos o tres cuadras ocupados por ventas ambulantes, la gente luce el desconocimiento de las normas, las neurosis más variadas, las patentes de conducción sin saber conducir, los sistemas android que detectan las cámaras y así frenar en seco para no pagar la multa, la indisposición contra el otro, y bueno: el caos.

Según se mueva la gente, así es la ciudad, escribía Robert Musil al inicio de su novela El hombre sin atributos. Y en esto de movernos, como en un entramado de luces de discoteca entre el cual saltan borrachos y señoras desmaquilladas que los sostienen, los del tercer mundo ganamos.

Amamos el desorden y nos gusta oír que nos expliquen cómo se ordenan las cosas para no hacerlo. Es la mentalidad natural de quien cree que cada espacio es para rellenar y no para fluir, y más donde se considera que como el suelo vale tanto lo mejor es poner un edifico encima que multiplique por propiedad horizontal el valor del metro cuadrado base y, en esta especulación, qué importa que se reduzca el metraje necesario para espacios públicos y vías que impiden la construcción.

La oportunidad de ganar dinero y no vida (mentalidad de pobres) es una característica que nos marca pero, como buenos hipócritas (iguales a los que comulgan pensando en ir a pecar), luego de incentivar la densidad vehicular traemos gente a que hable de movilidad para lavarnos las manos en este caos que provocamos.

Es claro que para que una ciudad fluya solo es posible el transporte en rieles y eléctrico, que nunca se sale de la ruta que se le traza y, además, moviliza miles de personas que no se fatigan, pues no conducen: ya la solución está dada y solo hay que ir a verla donde ya existe (Berlín, Zürich, Berna, etc.).

La movilidad de una ciudad es el transporte público ordenado y barato. Pero si las calles se repletan de carros, buses y motos, la ciudad es un fracaso.

Acotación: si una ciudad reduce sus industrias y puestos de trabajo, si la gente gana mal y consume poco, los impuestos a cobrar deben salir de alguna parte.

En el caso de las ciudades con problemas de movilidad, buena parte de la carga impositiva sale del consumo de combustibles. Plata a cambio de desorden, el negocio de impedir el desarrollo.

José Guillermo Ángel

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