Síguenos en:
x
Columnistas | PUBLICADO EL 15 junio 2019

SOBRE GENTE TÓXICA

Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGELmemoanjel5@gmail.com

Estación Óxido de Nitrógeno, partícula contaminante que invade espacios, sangre, cerebros y, en consecuencia, maneras de pensar, actuar y envenenar los ambientes. Y a esta estación, que parece que ya está por todas partes como una maleza mutando en algo peor, llegan los más rabiosos, los neuróticos y paranoicos (apocalípticos y promotores de lo terrible), los mal deprimidos y los que desarrollan su libre personalidad con malas noticias (o mentiras), deseos de destrucción, barreras a toda solución y escándalos por nada. Y, como dice Robert Huges en La sociedad de la queja, desvían lo cierto por caminos truculentos sembrando cizaña, mezquindad, envidia y desprecio. Y claro, habitando esta mezcla, su toxicidad es alta y delirante y, si uno se descuida, pegante por lo resinosa.

Las tragedias, como lo manifestaron los autores de teatro griego y por extensión Shakespeare, son asuntos personales. Por eso tienen un nombre particular, un escenario y, si se quiere, un destino. Y los nuevos trágicos son los tóxicos, que buscan, extendiendo su toxicidad, que lo suyo, confuso y de mala leche, se riegue y crezca para que el miedo aumente. Y si bien el miedo es una táctica para gobernar, como bien lo explica Albert Camus, también es una manifestación de decadencia, un impedimento para el desarrollo y una manera de crecer retrocediendo, es decir, la peor manera de subdesarrollarse.

En países como los nuestros, calenturientos y mal educados, propicios a la extracción (de hecho son extractivos), sujetos a emociones y a deseos vanos, caldos de corruptibilidad y cantos permanentes de lo peor, lo tóxico se inicia todos los días con los radionoticieros nacionales, sigue con los telenoticieros y acaba con un montón de pregonantes del fin del mundo. Y a todo esto, en un ambiente de pesimismo (vivimos en una especie de Infierno dantesco), nos piden ser innovadores en unas tierras proyectadas para ser desiertos o potreros (esas son las políticas), crecer en economías para las que no tenemos bases (asumir una cuarta revolución sin haber hecho la segunda ni la tercera), ser emprendedores con una carga fiscal que ahoga, habitar ciudades que se densifican debido a la verticalidad y se ponen en peligro por la falta de agua, etc. Y bueno, lo tóxico es como un diablo que se multiplica haciendo de las suyas en un ambiente que cansa y contra el que no protestamos, pues pareciera que vivir es una carga y no un proceso de liberación de la ignorancia.

Acotación: La Edad Media fue un periodo tóxico abundante en pestes. Pero fue vencida por el Renacimiento y un Humanismo centrado en recuperar las mejores costumbres de Grecia y Roma: las instituciones óptimas, la ingeniería debida, la producción de las tierras, el arte del buen vivir, el comercio de productos buenos, el pensamiento ordenado etc. Florencia fue la ciudad: allí florecieron para renovarse. Creo que este es el ejemplo.

José Guillermo Ángel

Si quiere más información:

.