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Columnistas | PUBLICADO EL 17 mayo 2022

Servir a los pobres

El asistencialismo paternalista no es invención de los candidatos actuales. La Nación tiene más de 60 programas de subsidios y transferencias que absorben el 4 % del PIB y que no han podido acabar ni acabarán nunca con la pobreza.

Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - redaccion@elcolombiano.com.co

Si la pobreza no existiera habría que inventarla para mantener ocupadas a las legiones de políticos, sociólogos, economistas, oenegesistas y gentes bien intencionadas que viven para eliminarla. En épocas electorales el número de pobres se exagera, sus padecimientos se magnifican y crece sin límite la piñata de subsidios y transferencias que se ofrecen para redimirlos.

Petro promete emplear en el gobierno a los pobres desocupados, darles renta a los demás y pagarles a todos el “consumo mínimo vital” de todo lo imaginable. Fajardo les repartirá los 33 billones que le quitará a los ricos con impuestos “progresivos”. Y Fico, por su parte, además de “oportunidades”, les promete también renta vitalicia a los mayores y otros regalillos a los demás.

El asistencialismo paternalista no es invención de los candidatos actuales. Tiene la Nación más de 60 programas de subsidios y transferencias que absorben el 4 % del PIB y que no han podido acabar ni acabarán nunca con la pobreza porque en su mayoría benefician a oportunistas y corruptos, incentivan la dependencia y, sobre todo, obstaculizan los procesos económicos y las políticas públicas que realmente la reducen. Más que el asistencialismo, son otras cosas las que benefician a los pobres.

Primero está el desarrollo económico. Debería ser evidente que si tenemos muchos pobres, es porque como sociedad somos igualmente pobres. No hay nada que saque más gente de la pobreza que el crecimiento vigoroso y sostenido de las economías, basado en una fuerte acumulación de capital.

Después del crecimiento, nada beneficia más a los pobres que una baja inflación. La inflación erosiona su ingreso y el poder adquisitivo de sus tenencias, en las que predominan el efectivo y los activos de baja rentabilidad. La autonomía del banco central y la política monetaria centrada en mantener a raya la inflación es probablemente el activo institucional más importante de la economía colombiana.

Una moneda fuerte viene en tercer lugar. La devaluación empobrece a todo mundo y especialmente a los pobres, los priva de adquirir bienes importados o de producción nacional con componentes importados.

El comercio internacional libre y los bajos aranceles. El proteccionismo solo beneficia a algunos productores ineficientes y castiga a todos los consumidores, pues el bienestar depende de la cantidad y diversidad de los bienes y servicios que se adquieren con el ingreso y eso incluye los bienes y servicios importados.

Por último, mas no de último, la educación. Una educación de calidad y pertinente, no el remedo de educación que ofrecen buena parte de esas entidades que, arropadas bajo el apelativo de “públicas”, monopolizan los recursos que el país destina a la formación de los pobres bajo el modelo ineficiente de subsidios a la oferta. Los hijos de los pobres tienen derecho a recibir una educación de la misma calidad que la recibida por los hijos de los ricos y la clase media. Deben poder elegir sus escuelas, colegios y universidades y aspirar a una enseñanza exigente, rigurosa y sin concesiones académicas 

Luis Guillermo Vélez Álvarez
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