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Ciudadanos digitales, nómadas, del mundo... ¡cuidado!, no es andar sin pertenencia y arraigo, es recorrer cada lugar comprometidos.
Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co
Poco hablamos de lo que es ser ciudadanos (Lat. civis miembro del estado), poco sabemos ejercer como tales, es decir, con ciudadanía, aludiendo al estado, la ciudad y la comunidad organizada. Quizás, el olvido o extravío de la expresión, se deba a que hay palabras dadas por obvias y que no practicamos a cabalidad. Hay apatía para pensar en qué consiste la ciudadanía, cae en la ambigüedad con expresiones como la decencia, la dignidad y la honorabilidad, conceptos de los que creemos tener una idea, aunque al final nos quedemos a medias para describirlos plenamente. Como decía San Agustín sobre el concepto del tiempo: “si nadie me pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”.
Nosotros, que nos asumimos como buenos ciudadanos, hablemos de ciudadanía, para empezar, ¿será que estamos hablando de lo mismo?, aclaremos el término, acordemos una definición provocadora que haga inminente ejercer como ciudadanos. Ejercer como ciudadano conlleva al mismo tiempo a incidir positiva y efectivamente en el otro y su entorno, por lo tanto, la ciudadanía implica al medio, los ciudadanos somos recíprocos con lo que coexistimos, caigo en la cuenta de que al ejercer como ciudadano, actúo yo para el otro y para mí con calidad humana. Si acepto que puedo y debo incidir (compromiso), debo incidir bien. De cara a un mejor país, eduquemos en ciudadanía, no le perdamos la pista a la expresión para verificar si estamos siguiendo fielmente sus propósitos. Somos ciudadanos inacabados, en vía de mejorar, hay mucho por afinar, por testimoniar: la pertenencia y la correspondencia al país. Por ejemplo, en la democracia, buen ciudadano, quizás, sea quien vaya más allá de votar en las elecciones, incidiendo positivamente en que el prójimo elija bien. Para aprehender la ciudadanía, pronunciemos algunas palabras que sospechamos como amigas de ese concepto: rectitud, responsabilidad, cumplimiento, altruismo, humanidad, sensibilidad, respeto, empatía, servicio y política, vamos cayendo en la cuenta de que ser ciudadano no es cualquier cosa, ni se trata de una expresión a la ligera. Mejoremos la calidad de ciudadanos, aspecto susceptible de ser afinado, un modo inequívoco de desarrollo humano. El reconocimiento de buenos ciudadanos, viene de adentro, no de afuera (sería vanidad), es examen de conciencia (sin culpa, con responsabilidad), tiene que ver con la celebración del humano que actúa bien, en clave de ciudadanía.
Ciudadanos digitales, nómadas, del mundo... ¡cuidado!, no es andar sin pertenencia y arraigo, es recorrer cada lugar comprometidos. Ante todo, ciudadanos amorosos y cuidadores. Este 2026 el país requiere ciudadanos participativos en la democracia, cultivados en amor y ética. Elijamos gobernantes amorosos (éticos). El amor y la ética traslucen, ustedes, ciudadanos, agudicen los sentidos para percibir y exigir gobernantes amorosos. Hagan esto, previo al ejercicio ciudadano del voto. Electores y elegibles, ejerzamos con amor (ética), promoviendo, hablando y testimoniando la democracia (en familia, vecinos y empleados). Que en la casa se hable de política. Si no ocupamos nuestro lugar en la democracia, otros lo ocuparán por nosotros.