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No será entonces un voto cualquiera ni de trámite, sino de auténtica responsabilidad ciudadana para recuperar el poder.
Por Johel Moreno S. - opinion@elcolombiano.com.co
El gran desafío que afrontará nuestra endeble democracia será el 8 de marzo cuando se abrirán las urnas y nos entregarán dos tarjetones: uno para votar por el Congreso de la República y otro por la Gran Consulta Interpartidista y seleccionar uno de los 16 candidatos(as) a presidente; certamen que se realizará el 31 de mayo en el que nos jugamos el futuro: o continuamos con el actual régimen autocrático o lo borramos para siempre y recuperamos el orden, la salud, la justicia, la institucionalidad y la autoridad perdidos, no obstante estar en un ambiente peor que en los tiempos de la guerrilla de las Farc atrincherada en la zona del Caguán, con la diferencia que esa insurgencia armada sigue hoy en el Congreso de la República devengando como senadores, representantes y otros, ejerciendo el poder desde los altos cargos de dirección del Estado.
No será entonces un voto cualquiera ni de trámite, sino de auténtica responsabilidad ciudadana para recuperar el poder que de manera fraudulenta nos fue arrebatado en el 2022 con la compra de votos, prácticas clientelistas non santas, como la superación de los topes establecidos por la CNE y cuyas denuncias ante la Comisión de acusaciones del Congreso nunca prosperó y su elección, fue un salto al vacío porque sus electores “bajaron el listón”, eligiendo un candidato que, no obstante sus antecedentes penales y horrorosa hoja de vida, resultó un insulto a la democracia porque ha dejado maltrechas las instituciones al desconocer nuestro Estado de Derecho e intento de modificar la Constitución que juró cumplir.
Que millones de sus electores estén arrepentidos, columnistas y orientadores de opinión decepcionados por “el gobierno del cambio y de la paz total” no debió sorprender; pero qué más podríamos esperar de un integrante del M 19 que ha empoderado las estructuras criminales absolviendo convictos y convirtiéndolos en gestores de paz. Los cultivos de hoja de coca, según la oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito han crecido a niveles alarmantes y Petro, según la periodista Salud Hernández: “es una personalidad enrevesada, cargada de odio, resentimiento, adicciones, incoherencia, megalomanía, delirios de grandeza y una enfermiza costumbre de tergiversar la historia”. Qué desgracia para el país fue su elección.
Ni que decir del balance en infraestructura de las 4G: un absoluto fracaso y los colombianos debemos entender que si queremos cambiar por un modelo de país como el de los del sudeste asiático por ejemplo: en desarrollo, crecimiento, oportunidades, etc., quienes debemos cambiar somos los votantes eligiendo un nuevo presidente y un Congreso competentes, probos, responsables, con experiencia y excelentes perfiles para solucionar los grandes problemas, enderezar la economía y corregir el gigantesco rezago que dejará este gobierno.
Y para ello, hay que ejercer una rigurosa vigilancia en las urnas durante el proceso electoral, porque en cientos de municipios del país ni el orden, la seguridad y la transparencia están garantizados. Los grupos armados se multiplicaron en las zonas rurales o apartadas y el gobierno no está en condiciones de ofrecer a la oposición, las garantías que el anterior si le ofreció en el 2022 porque está tan aferrado al poder, que apela a todas las formas y estrategias para continuar su segundo mandato en cuerpo ajeno, para ese modelo perverso de gobierno basado en el estatismo, el clientelismo y el populismo.