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Columnistas | PUBLICADO EL 11 septiembre 2022

Se estabiliza gobernabilidad de Petro

Esta gobernabilidad no se puede entender solo por la habilidad para construir coaliciones políticas; hay que tener presente la importante aceptación social que ha ganado el presidente Petro.

Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com

Esta semana, una vez terminado el primer mes de gobierno del presidente Gustavo Petro y su vicepresidente Francia Márquez —que marcan un cambio importante frente a la tradición política colombiana—, e, igualmente, al concluir el plazo establecido por el Estatuto de Oposición para que los partidos o movimientos políticos definan su relación con el gobierno, asumiéndose como partido de gobierno, de oposición o independiente, todos los partidos que venían acompañando al gobierno se ratifican como partidos de gobierno, consolidando de esta manera unas holgadas mayorías en las dos cámaras del Congreso.

En esta tarea fue fundamental el rol cumplido por líderes políticos como el presidente del Senado Roy Barreras, el ministro del Interior Alfonso Prada, el embajador Armando Benedetti y el consejero para las regiones Luis Fernando Velasco, entre otros, pero, sin duda, es estratégica la figura del presidente Petro y la capacidad mostrada desde la campaña de ir consolidando una coalición política de centroizquierda, alrededor de la convergencia denominada Pacto Histórico, pero sumando más allá de esta agrupación de fuerzas de izquierda a partidos de centro. Esto se consolida una vez triunfa en la conformación del gobierno, sin duda, de perfil claramente de centro-izquierda, incluyendo allí fuerzas políticas de centroderecha, como el Partido Conservador; por eso es equivocado lo planteado por líderes extracongresionales de ese partido cuando se quejan de que el Partido Conservador este dentro de un gobierno de izquierda, cuando realmente se trata de un gobierno claramente de centroizquierda y con una orientación amplia en su conformación. Eso sí, con una orientación a propiciar procesos de cambio, pero que no pueden ser exclusivos de fuerzas políticas de izquierda.

Pero esta gobernabilidad no se puede entender solamente por la habilidad para construir coaliciones políticas; también hay que tener en consideración la importante aceptación social que ha ganado el presidente Petro y el indudable apoyo social que se expresa en sus salidas públicas. Adicionalmente, hay que tener en consideración el interés que genera en sectores sociales diversos las propuestas de política pública planteadas que por el momento generan esperanza y expectativa. Y esto, igualmente, es un atractivo para la mayoría de los partidos políticos que se han declarado como parte de la coalición de gobierno: eventualmente ser protagonistas de los procesos de cambio que se esperan desatar.

Ahora bien, esto se puede ir consolidando si el presidente y sus colaboradores muestran la necesaria capacidad de negociación y acuerdo alrededor de las iniciativas legislativas; pero también puede ser un riesgo de debilitar esa gobernabilidad que hasta el momento se mantiene. Al respecto es necesario recordar que no siempre el buen gobernante es quien es capaz de imponer sus ideas a los demás, aún a costa de golpear a otros sectores, sino quien tiene la habilidad de lograr concertar, aun cediendo o aplazando aspectos importantes, pero consolidando progresivamente un liderazgo nacional, que es fundamental para la tarea del gobierno, que no se agota en la primera legislatura, sino que puede ir echando bases para transformaciones de mediano y largo plazo. Y el presidente Petro puede tener esa posibilidad.

Una dimensión muy importante para consolidar ese liderazgo para el cambio igualmente se debe poner a prueba en el ámbito internacional, en especial en el latinoamericano, donde, ante la carencia de liderazgos convocantes, un dirigente como Petro tiene las posibilidades para proyectarse como un líder regional y ello va a repercutir positivamente en lo interno.

Esperemos que, en medio de las dificultades de los gobiernos actuales, postpandemia y con vientos de crisis de la economía global, el gobierno colombiano pueda avanzar en buenas decisiones con altos niveles de consenso social 

Alejo Vargas Velásquez

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