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Columnistas | PUBLICADO EL 15 octubre 2022

Reyes

La vida les mostrará a estos chicos que la nuestra es una sociedad vertical y claramente fragmentada en la que moverse entre los pisos sociales resulta bien complejo.

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Por Julián Posada- primiziasuper@hotmail.com

Me siento a redactar esta columna con la impericia de quien a pesar de los años y de tanto hacerlo aún sabe cuánto cuesta articular las ideas que se atoran en cascada o que se esconden como chapolas a la luz del día. Debo repasar lo leído y lo vivido, pensar en el resumen de aquello que quizás habrá de interesarle a otros. Si fuese objetivo no tendría más alternativa que escribir sobre los ausentes o el llanto.

Son demasiados los cercanos que se han hecho luz. La parca siempre está presta a abandonar su refugio. Quiero evitar escribir de nuevo sobre el truhán que nos gobierna, sobre el que ha hecho del lenguaje una herramienta que destruye puentes y genera desconfianza. Paso de largo por ahí a pesar de que las preguntas me siguen rondando y a pesar de que aún exista tanto sordo sin escucha, debe ser el ruido de la calle que él, indolente, tampoco ha querido oír.

Pienso de nuevo en que en este frente casi todo está perdido, en que “la justicia es como la serpiente, solo muerde a los que van descalzos”, eso dijo Eduardo Galeano citado en un tweet que me reenvío un amigo a través de un chat. El trino hablaba de una de las películas más desoladoras y conmovedoras que he visto en años, en este país en que ambas salen al encuentro en cada esquina. Uno termina ese carnaval de dolor y de injusticia y de repente después de reflexionar y rumiar tanta desesperanza descubre que quizás es la ternura que subyace en tantas capas la que le permite a uno pensar que el mundo, a pesar de ser un lugar tan inhóspito, podrá llegar a ser más amable gracias a la certeza de un abrazo.

Los Reyes del Mundo es la historia de cinco amigos que persiguen un sueño, el único sueño que les da la vida. Laura Mora es quien dirige este largo y con él ganó la Concha de oro en San Sebastián, España. Como en Angosta, la estupenda novela de Héctor Abad, la vida les mostrará a estos chicos que la nuestra es una sociedad vertical y claramente fragmentada en la que moverse entre los pisos sociales resulta bien complejo. Llena de rabia y de dolor, la película remueve las entrañas como la náusea que siente el que avanza al borde del abismo, y exorcisa el horror a través de la belleza y de unas metáforas visuales cargadas de sueños. Ahí sentado en mi butaca pensaba en Pasolini, el humanista, poeta y cineasta italiano. Ella como él está del lado de los que están al margen y es ahí donde nos descubre un mundo pleno de dignidad y belleza.

Releo a Galeano y encuentro un fragmento del poema Los nadies, en el que invoca la desesperanza: “ellos valen menos que la bala que los mata”. La desolación vuelve a mi encuentro. No hay mundo sin reyes

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