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Columnistas | PUBLICADO EL 29 abril 2022

Quintero ganó la revocatoria

Lo que más me ha chocado es la actitud de las “élites de la ciudad” frente a todo este tema. Montándose tarde y montándose a escondidas.

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

Luego de mucho tiempo agonizando, la revocatoria contra Daniel Quintero finalmente murió —o, más bien, la mataron—. Aunque mi voto habría sido a favor de revocarlo, la idea de una revocatoria jamás me convenció. En general, no son de mi preferencia los mecanismos de participación ciudadana en Colombia. Como en el caso de la “consulta anticorrupción”, siento que suelen orientarse más a los intereses personales de quienes los promueven que a su supuesto fin. Sin embargo, con esta revocatoria en particular tenía un conflicto derivado de los motivos para convocarla: en el caso de Medellín, no creo que sea cierta ni la insatisfacción general de la ciudadanía ni el incumplimiento del programa de gobierno del mandatario elegido. A pesar de ser el alcalde más impopular de la historia reciente de Medellín, no hay ninguna encuesta en la que haya marcado consistentemente por debajo del 50 % de aprobación. Y por mucho que me parezca nefasta su gestión, no creo que Quintero haya venido a hacer cosas distintas a las que prometió en campaña. Rompió con el modelo de gobierno “empresa/Estado” que venía ocurriendo en Medellín, justo como lo había anticipado. La corrupción no hacía parte de su plan de gobierno, es cierto, pero, aun así, eso quedará en manos de la Justicia, no es la función de una revocatoria.

Además de todo esto, el caos en la política local que trajo la revocatoria ha tenido al alcalde donde más se siente cómodo: haciendo campaña. Dichoso debe estar en su continua demagogia, primero para llegar a la alcaldía, luego en contra de la revocatoria, ahora apoyando de frente a Petro y en su último año, seguro, promoviendo un heredero y dejando los cimientos de su campaña a la presidencia en 2026. Pero lo más grave no es eso: lo peor es que se dejó el precedente de la revocatoria en nuestra cultura política. Ahora, a todos los alcaldes que vengan, desde antes de posesionarse, los estarán tratando de revocar.

Esto sin mencionar que los orígenes de la revocatoria estuvieron en pésimas manos: a muchos se les olvida que el responsable de darle impulso fue la godarria más recalcitrante de la ciudad, el uribismo más irracional que le sirvió de saco de boxeo al alcalde, promoviéndola en sus inicios con argumentos que iban desde el peligro esotérico que significaba un “diablo” en los alumbrados hasta críticas conspirativas sobre la “ideología de género”.

Finalmente, lo que más me ha chocado es la actitud de las “élites de la ciudad” frente a todo este tema. Montándose tarde y montándose a escondidas. Su apoyo no pasó de reuniones solapadas en sótanos. No salió el futuro “líder” que fuese capaz de tomar las riendas del movimiento. Todos querían los beneficios de una posible salida de Quintero del poder, pero ningún “antioqueño ilustre” estuvo dispuesto a tomar el riesgo de liderarla. Por todo esto, ganó Quintero. Jugando sucio logró matar su revocatoria. Sin embargo, el motivo principal de su victoria es otro: ganó porque en el proceso no se consolidó un discurso lo suficientemente fuerte como para oponérsele al suyo. Desfalca la ciudad a su antojo, tiene la mejor narrativa y no surge un liderazgo que le compita. Quintero ganó la batalla, pero, además, en la disputa por el poder de Medellín, está ganando la guerra.

La siguiente batalla, su “encanatoria”, será más larga... 

David González Escobar

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