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Columnistas | PUBLICADO EL 22 julio 2022

Profesionalizar la política

En vez de preguntarse quién hay bueno por ahí para la alcaldía, es hora de profesionalizar de forma limpia la política. Promover liderazgos y nutrirlos, apoyarlos siempre, no solo cada cuatro años.

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

“¿Quién hay bueno por ahí para la alcaldía?”, es una pregunta que me han hecho recientemente —en distintas presentaciones— varias personas mucho más ilustres y experimentadas que yo. Nunca sé bien qué responder, por lo que casi siempre sigue —en distintas presentaciones— el mismo comentario: “es que no hay por quién votar. Medellín se quedó sin liderazgos” —lo que sea que eso último pueda significar—.

En la definición estricta de “poder votar” por ellos, personas por quien votar en Medellín sí hay. De hecho, en estos meses que vienen se verá que hay más candidatos de los que a uno le gustaría. El Concejo de Medellín ya se vació por varios personajes que ilusamente creen que son viables y preparados para liderar la ciudad. Muchos otros “suenan”, aunque más por estereotipos que por otra cosa. Ya hay varios “recorriendo la ciudad”, “haciendo la tarea”.

No es que no haya por quién votar. Es que, más bien, quienes dicen defender el “Modelo Medellín” de los últimos veinte años se quedaron sin candidato por quien votar. Desde Fajardo, todos los alcaldes de la ciudad habían ganado con estilos y apoyos similares. Pero en el camino crearon movimientos demasiado individualistas, narcisistas, los cuales dificultaron crear estructuras políticas más allá de sus figuras personales. En 2019, ganó Daniel Quintero, el candidato que mejor imitó a quienes habían sido alcaldes antes. Ahora que muchos ven que no parece haber otro “caudillo” fuerte que lo reemplace —a excepción de una posible candidatura de Fico—, arranca la preocupación. Pero es una preocupación que, a mi parecer, esconde problemas que vienen de antes.

El primero: que quienes hoy en día andan “tan preocupados” por la situación ven la política como algo “de cada cuatro años”. Solo voltean a mirarla cuando se acercan elecciones, no la entienden como un proceso continuo. Si quieren que “gente buena” esté como candidata, tienen que entender que ellos y sus equipos necesitan vivir de la política todos los días de todos los años, no solo en campaña, más aún cuando fracasan en sus aspiraciones.

Lo segundo: que cada vez más personas ven la política como algo “indigno”, “sucio”, “degradante”. Motivos que justifiquen esta creencia no faltan, pero deja una paradoja: si la política es tan cochina, tan cochina que yo por nada del mundo me metería en ella, ¿cómo pretender que haya “gente buena” que dedique su vida 100 % a eso? Tratar de hacer política por el lado “honesto” —con tilde en las comillas— es altamente costoso: no solo es un trabajo sin flujo de caja constante garantizado, en el que toca arriesgar con el patrimonio propio las posibles derrotas, sino que, además, es un negocio en el que se arriesga el buen nombre, en el que un proceso con la Procuraduría o la Contraloría “no se le niega nadie”.

Este país no necesita menos, sino más políticos de profesión. Las estructuras clientelistas lo han entendido a la perfección: identifican desde temprano a los jóvenes buenos, los cuidan, los promueven. Claro, lo hacen con métodos cuestionables, por no decir criminales, pero tienen su fórmula de profesionalización totalmente clara. Viendo la mayoría de alcaldías, de gobernaciones y el actual Congreso, es imposible negar la efectividad de su método.

Así que en vez de preguntarse quién hay bueno por ahí para la alcaldía, es hora de profesionalizar de forma limpia la política. Promover liderazgos y nutrirlos, apoyarlos siempre, no solo cada cuatro años. Hacerlo de frente, no a escondidas. Sería costoso: no solo en dinero, sino en tiempo, en esfuerzo. Sin embargo, si a los políticos profesionales no los promueven quienes siempre están buscando a “gente buena”, ahí seguirán vigentes los “métodos tradicionales”. Queda en manos de a quienes tanto les preocupa el país y la ciudad elegir cuál es el método de su preferencia 

David González Escobar

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