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Columnistas | PUBLICADO EL 17 mayo 2015

Partidos políticos: ¿que tan cohesionados?

PorAlejo Vargas Velásquezvargasvelasquezalejo@gmail.com

En un libro de 2013, “Democratizar a los políticos”, una de las tesis planteadas por Sergio Fabbrini en el Prefacio era “no hay duda de que la política democrática se caracteriza ahora, más que nunca, por los líderes en lugar de los partidos. La política de partidos ha sido desafiada por la política de líderes. La tradición de la política basada en la ideología ha sido desafiada por la política del candidato. El ascenso de líderes ha ocurrido a la par de la reducción de los partidos políticos...”. En el caso colombiano pareciera que si bien han surgido líderes que opacan a su partido, igual los partidos siguen teniendo cierta relevancia, pero poca cohesión interna, ni política, ni programática y tampoco organizativa.

Tenemos casos de líderes que determinan la vida de sus partidos; el caso más relevante es el de Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático; en esa misma dirección podríamos situar a Germán Vargas y su partido Cambio Radical. Pero igualmente podemos decir que en partidos como el Liberal, el Conservador, el de la U, el Polo Democrático, la Alianza Verde no existe un líder político que lo determine o subordine y por el contrario hay modalidades de liderazgos colectivos, más o menos eficaces. Pero con la excepción del Centro Democrático, que actúa eficazmente como una oposición de derecha al actual gobierno y lo hace de manera disciplinada, en los demás casos los partidos mantienen una estructura organizativa formal, pero en realidad con alto nivel de discrecionalidad frente a temas diversos, especialmente de sus representantes en las corporaciones públicas, al punto que frente a ciertos temas los miembros de un mismo partido expresan y auspician posiciones diferentes o enfrentadas en relación con diversos temas nacionales. Pero todo indica que es esa estructura flexible lo que les permite a esos partidos políticos mantener a esos miembros siendo militantes de los mismos.

Por eso una norma considerada importante en el fortalecimiento de los partidos como lo sería acabar con la modalidad del voto preferente y establecer el sistema de lista única por partido, no es aprobada en el proyecto llamado de equilibrio de poderes, porque ello sería trasladar al interior de los partidos y su dinámica interna, dirimir controversias que permitieran determinar un orden en la lista y dejarle eso a los anónimos electores. Es también eso lo que permite entender porqué acuerdos dentro de los mismos partidos o sus coaliciones políticas, como en el caso de la llamada ‘unidad nacional’ que no ha podido reproducir la coalición que apoya nacionalmente al Presidente y su gobierno, en la definición de candidatos de unidad en regiones y localidades, porque allí siguen primando mini-liderazgos que definitivamente no aceptan disciplinarse frente a compromisos o acuerdos de nivel nacional. Solo así se puede entender que el candidato unitario a la Alcaldía de Bogotá del Partido Liberal y del de la U no tenga el apoyo del dirigente del Partido Cambio Radical y por el contrario este auspicie a un candidato que actúa como una especie de outsider.

Adicionalmente hay que recordar que en la tradición colombiana los líderes políticos utilizan a los partidos políticos para proyectarse inicialmente en la vida política y cuando consideran que ya no los necesitan, o que son un cierto ‘obstáculo’ para su rápida proyección en la vida política, o bien han creado disidencias del partido, o han fundado nuevos partidos políticos, o han utilizado una estrategia que normalmente tiene alta acogida, como es la de presentarse como candidatos antipolíticos. Algunos de estos líderes retornan posteriormente a sus partidos de origen, otros se convierten en una especie de ‘adversarios públicos’ aunque en lo privado sigan cortejando a miembros y dirigentes de ese antiguo partido político.

Todo lo anterior nos permite entender cómo los procesos de reforma política que pretendan alterar radicalmente esta combinación de liderazgos y partidos políticos, muy propia del sistema político colombiano, no parecen destinadas a ser muy exitosas.

Alejo Vargas Velásquez

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