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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

El voto revanchista

hace 8 horas
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  • El voto revanchista
  • El voto revanchista

Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

Además de la manera tradicional de votar para presidente, existen teóricamente varios trasfondos para ejercer ese derecho. Está el voto de opinión, cuando el ciudadano escoge a quien considera mejor. El voto útil, cuando se apoya en el que tiene más posibilidades de derrotar a un adversario. El voto castigo, que sanciona a un candidato o a una clase política. Y también existe el voto en blanco, expresión de inconformidad frente a todas las opciones. Pero en Colombia —léase bien— vivimos una nueva vertiente: la del voto revanchista.

Es un voto contra un estilo de gobierno, contra una forma tramposa de hacer política y contra una sensación de impotencia acumulada estos años. Es lo que se ve, se dice, se oye, se siente y se palpa. Gustavo Petro ha conseguido algo escandaloso: unir a millones de colombianos en el cansancio y la desesperanza. No necesariamente en una ideología común ni un proyecto de país compartido, sino en una fatiga colectiva. En una bronca por los escándalos permanentes, por el activismo, por la confrontación diaria, por el deterioro del país y por la agitación abierta y desmedida.

Los colombianos están exhaustos de ver cómo el presidente promueve al heredero político como continuador de su proyecto populista y amenaza con salir a las calles, si pierde su prohijado. De que se gobierne desde el odio, el insulto, el rencor y la amenaza permanente. Y lo más asombroso es que no pase nada. Los revuelos se suceden unos a otros. Las investigaciones se atoran y los excesos verbales se normalizan. Y el presidente sigue adelante, impasible, alardeando de que toda crítica es una conspiración (golpe blando) y todo opositor, un enemigo.

Ese sentimiento de frustración produjo una mutación electoral. Muchos ciudadanos no buscan al mejor candidato; tampoco al más preparado. Ni siquiera al más capaz de cohesionar al país. Buscan al redimidor, al que enfrentando al establecimiento intente poner mano firme. Al que desafíe al petrismo y al que explote por los excesos. Cada provocación institucional de Petro y cada alboroto alimentan una fuerza política nueva: la de quienes quieren cobrar en las urnas lo que sienten que no han podido vindicar en otro momento.

Hay una tesis clara: el fenómeno político preponderante de 2026 es el voto revanchista, entendido como reacción emocional frente al debilitamiento que genera el Gobierno. El mismo que conocida la primera vuelta, lanzó denuncias de fraude electoral, cuestionó el preconteo y sembró dudas sobre la transparencia. Lo hizo desde la Presidencia de la República, de manera irresponsable y temeraria. Petro pretende jugar un partido en el que además ejerce de referee. Esa confusión entre poder y árbitro es el germen de toda tiranía política. Lejos de asumir la prudencia que exige la jefatura del Estado, anunció que quedaría al frente de la campaña de Iván Cepeda para segunda vuelta. Es decir, bajo una carambola desconoce el resultado que produjo la democracia (desfachatez) y se dispuso a intervenir para modificarlo. Petro decidió gobernar como candidato hasta el último día de su mandato. Cada vez que lo hace y convierte la Presidencia en una trinchera electoral, hoy ivancepedista, fortalece aquello que más teme: una ciudadanía que no vota por entusiasmo sino por desquite..

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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

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