<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Síguenos en:
Columnistas | PUBLICADO EL 19 enero 2022

Pánicos

Por ana cristina restrepo j. redaccion@elcolombiano.com.co

En noviembre de 2012, un periodista con un prestigio forjado durante veinticinco años en diversos medios se aventuró a lo que parecía un salto al vacío: anunció en Twitter el cese de operaciones de la firma de corredores Interbolsa.

“Yo fui consciente de las consecuencias que podrían tener las pocas frases contenidas en esos tres trinos, y por eso hasta el último momento confirmé cada uno de los datos que me disponía a divulgar. En una de las conversaciones previas con una de las fuentes consultadas, le pregunté: ‘¿Usted es consciente de que si esta información es falsa hoy puede ser el fin de mi carrera como periodista?’”, escribió Vladdo, en La República (leer: https://www.larepublica.co/finanzas/historia-de-tres-trinos-de-vertigo-2067171 ).

Tras enviar el primer trino a las 10 a. m. y convertir su cuenta de Twitter en un tsunami, lo tacharon de irresponsable y antiético. “Esto causará pánico económico”, clamaban. Se suponía que a las 11 a. m. la firma publicaría un comunicado. No ocurrió. Vladdo borró sus trinos, pero no se retractó. La pregunta final a cada una de sus fuentes era la misma: “¿Esto es o no es verdad?”.

Por la boca muere el pez. Todos los periodistas nadamos en esa misma corriente. La libertad de expresión, que no es absoluta, tiene múltiples límites, pero solo algunos son verdaderos campos minados sobre los cuales hay que caminar con cautela para evitar una explosión. En esta coyuntura de crisis sanitaria mundial y agite bursátil nacional, los crímenes contra la salud pública y el pánico económico (contemplados en el Código Penal) nos convierten en acróbatas sobre la cuerda floja.

Lo extraño es que todavía hay quienes posan de incautos o simplemente carecen de crítica ante ambos riesgos...

En medios inmediatos, como la radio, los discursos se pueden salir de control si no se agita a tiempo la bandera roja: ¿consentir que una política antivacunas, candidata al Congreso, como Regina11, comparta al aire en una emisora nacional sus “recetas” anticovid, mientras las UCI de su departamento registran más de un 90 % de ocupación?

En cuanto al pánico económico: ¿cómo es posible que la revista de Gilinski, escrita, con el beneficio de la pausa para contrastar, publique información no verificada sobre el presidente de un grupo empresarial? Más lamentable aún: ¿por qué después de transcurridos diez minutos Google estaba atiborrado de medios de comunicación que replicaron dicha información sin confirmar? (las réplicas ya desaparecieron de mi navegador).

Diez años atrás, Rodrigo Jaramillo, presidente de Interbolsa, dijo que demandaría a Vladdo. Minutos después de su intimidación, la firma de comisionistas publicó el tan anhelado comunicado. El resto de la historia la narra Alberto Donadio en El cartel de Interbolsa. Crónica de una estafa financiera (Sílaba Editores, 2013).

Varios periodistas, algunos económicos, le dijeron a Vladdo: “A [Juan Carlos] Ortiz le tienen mucha bronca porque es un tipo intrépido, siempre innovador”. Otros decían: “Eso es cuento viejo, todo el mundo lo sabe”.

Ese “todo el mundo lo sabe” que se queda en el escritorio de un periodista es tan grave como el “nadie lo sabe” que se esconde por temores legales o laborales (miedo a los grupos económicos dueños de medios). Pero, tal vez, la peor práctica es “que todo el mundo lo sepa aunque no sea verdad”.

El pánico a la mentira es el que debería prevalecer en el periodismo 

Ana Cristina Restrepo Jiménez
.