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Columnistas | PUBLICADO EL 09 agosto 2021

Nos acorralan delincuentes, no “víctimas”

Por juan david escobar valenciaredaccion@elcolombiano.com.co

No sigo el torneo del fútbol profesional colombiano por mediocre, pero no pude evitar ver el aterrador incidente ocurrido en el partido Santa Fe - Nacional, en el que algunos facinerosos pertenecientes a las supuestas “barras”, que algunas son realmente “bandas”, se mostraron nuevamente como lo que son de verdad, delincuentes con banderas.

Después de semejante barbarie, esperaba no oír los típicos, lamentables y peligrosos argumentos de la mamertera cómplice de la delincuencia, que en más ámbitos de la sociedad se está enquistando. Pero contra la ingenuidad no parece que me haya vacunado todavía. Al otro día, unos “iluminados” comentaristas empezaron a decir que no había que condenar a estos “pobres e inocentes jóvenes” porque eran el fruto de una sociedad cruel y que, “como no tienen “oportunidades”, solo les queda volverse y actuar como delincuentes. ¡Malditos cómplices!

Sin duda que tenemos que esforzarnos los ciudadanos, las empresas y el Estado —que no son cosas tan desvinculadas como algunos acomodaticiamente quieren que sea— en que toda la sociedad, pero especialmente los menos favorecidos, encuentren mejores opciones para desarrollarse. Pero con el cuento de la “falta de oportunidades” nos tienen jodidos y nos están acorralando, porque con la implantación en Colombia de la narrativa comunista de las “causas objetivas de la violencia”, enseñada desde hace décadas en colegios y universidades, según la cual la pobreza y la desigualdad justifican ser bandido y usar ilegalmente la fuerza, se volvió paradigma social que el delito no existe si estás desempleado, el robo no es robo si no te alcanza el sueldo, secuestrar, matar, torturar, violar niños, traficar estupefacientes, no son acciones criminales, sino “actividades conexas a la rebelión”, que, como institucionalizó el acuerdo extorsivo de impunidad entre el gobierno Santos y un cartel narcoterrorista, no pueden ser castigadas porque sus ejecutores no son “victimarios”, sino “víctimas” de una sociedad malvada y abusadora. ¡Malditos cómplices!

Están empeñados sectores académicos, políticos, judiciales, religiosos y medios de comunicación en amedrentar a quienes crecimos aprendiendo que: hay que cumplir la Ley, trabajar y estudiar duro y honestamente para progresar, el delito merece castigo, el delincuente no deja de serlo por ser pobre o estar en mala situación, usar la fuerza legalmente constituida para neutralizar a los delincuentes no es una aberración; porque los defensores del crimen en todas sus formas se autoimpusieron una falsa superioridad moral que supuestamente los faculta para decir que somos guerreristas, fascistas y capitalistas desalmados que no queremos la paz ni el bienestar de los pobres. ¡Malditos cómplices!

Por eso no sorprende que un magistrado de una alta Corte dijera que la guerrilla mataba, pero por justa causa, y que a Sergio Fajardo —que dice ser de “centro”, pero no lo es—, Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán y Jorge Enrique Robledo lo que les parecía inconveniente de los bloqueos a las vías, era que fueran “prolongados”.

¡Ojo con el 22! Que no nos acorralen más

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