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Columnistas | PUBLICADO EL 02 junio 2020

No todo está perdido

Por anacristina Aristizábal Uribeanacauribe@gmail.com

No conozco a Laura Dulce ni a Jonier Quiceno. Ella vive en Bogotá y él en Medellín. Ella es periodista y él es politólogo y estadístico. Según sus fotos en Twitter, no creo que ninguno sobrepase los 35 años.

¿Por qué los menciono? Porque en las últimas dos semanas ambos pasaron a la acción llevándole un alivio a la condición de extrema pobreza que sufren dos familias colombianas. La periodista bogotana, junto con el fotógrafo Mauricio Alvarado tomaron las cartas en el asunto después del desalojo que la Policía le hizo a Linson Palacios y su familia; y Jonier solucionó de fondo el desalojo que iban a sufrir doña Miriam y sus dos hijos, en el corregimiento de Altavista en Medellín.

Dos historias distintas con dos tragedias parecidas pero ambas con un final feliz porque dos jóvenes salieron de su zona de confort y se movieron en el mundo que dominan: las redes sociales. Mientras muchos se la pasan en ellas regando odio e insultando a otros, mostrando sus deliciosas comidas o sus pasatiempos extravagantes, ellos consiguieron dinero para extender una solución, aunque transitoria, a una urgencia que no daba espera ni a la burocracia oficial ni a la privada.

Hace dos años Linson Palacios tuvo que salir corriendo, en menos de seis horas, de su casa en Satinga, Nariño, obligado por el Eln. En la fría y selvática Bogotá y sin trabajo terminó viviendo en un rancho de lata que el pasado 2 de mayo derribó la Policía. La periodista hizo un informe y el fotógrafo tomó una foto que se hizo viral. El 20 de mayo comenzaron una campaña para evitar que esta familia siguiera durmiendo a la intemperie. En menos de tres días recogieron $15 millones con lo que lograron pagar un arriendo por varios meses en una casa digna, y amoblarla. También están moviendo cielo y tierra para conseguirle empleo.

Doña Miriam, desplazada de Dabeiba, cabeza de familia y con dos hijos, vivía de la venta de tintos. La pandemia la frenó y el dueño de la casa donde vive le exigió irse el 31 de mayo. Jonier movió las redes para convocar a que 1.400 personas donaran $10.000. En día y medio consiguieron 2.161 donantes y más de $21 millones. Doña Miriam tendrá su casa propia.

En el perfil de Laura Dulce se lee: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Si quiere más información:

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