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Columnistas | PUBLICADO EL 01 abril 2022

No tan Ráppido

Rappi no es una empresa cualquiera. No solo contribuyó a revolucionar la cultura empresarial de Colombia, sino la de Latinoamérica.

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

15 mil pesos me costó hace unos días la tarifa de domicilio de Rappi. 4 mil de “domicilio”, 9 mil de “tarifa de servicio” y 2 mil de propina. Rappi alega que el precio de sus domicilios no ha cambiado, pero ahora le suman la “tarifa de servicio”, que ellos describen como “un costo por el uso de la plataforma”. La propina sigue siendo opcional, pero con cambios en su diseño de producto que hacen que sea difícil no incluirla. Los domicilios a veces ya no son solo para un cliente, sino para varios, aumentando los tiempos de espera. Detallitos.

Detallitos que tienen a sus usuarios “fieles” enfurecidos, pero para los que hay una probable explicación: Rappi está sintiendo la presión por salir a bolsa. Y aunque no tiene que ser una empresa rentable, sí tiene que visualizarse en el horizonte que podría llegar a serlo. Si Rappi no logra demostrar que saca una utilidad por cada domicilio que hace —los famosos unit economics—, será casi imposible que sus fundadores puedan llevar con éxito su añorada oferta de venta pública (IPO).

Rappi no es una empresa cualquiera. No solo contribuyó a revolucionar la cultura empresarial de Colombia, sino la de Latinoamérica. Sus primeros pasos lograron cambiar la mentalidad sobre el potencial de la región para los fondos capital de riesgo, el apetecido venture capital. Rappi y otras startups de su generación lograron vender el sueño de “un mercado de la mitad del tamaño de China y el doble del de India”, homogéneo y sin barreras de lenguaje.

Medellín puede jactarse todo lo que quiera del título inventado de la ciudad “más innovadora”, pero fueron Rappi y la red que crearon en Bogotá los que en realidad conectaron a Colombia con el ecosistema de emprendimiento global. Al estilo de la “Paypal Mafia”, Rappi no solo logró ponernos en el mapa, sino que tiene el mérito de haber dejado la semilla de varios exempleados que fundaron otras startups exitosas en la región.

Pero la hora de la verdad llega. Para una startup, salir a bolsa es empelotarse: es abrirle al mundo el detalle de sus estados financieros, de su historia. Las startups priorizan el crecimiento sobre la rentabilidad en sus etapas tempranas, pero todo bajo la promesa de llegar a ser rentables. Sin utilidades, el financiamiento se agota. Fuera de Colombia, la ventaja competitiva del servicio commoditizado de domicilios de Rappi no es tan clara. La subida de tarifas agresiva y repentina puede ser un indicio de desespero por demostrar rentabilidad (todavía sin ver a sus domiciliarios como empleados). Con Nubank haciendo titulares en Wall Street, Rappi siente presión para lanzar su IPO. Sus fundadores y primeros empleados harían grandes fortunas. No habría tantos millonarios en tan poco tiempo en estas latitudes desde los primeros años de Chávez. Pero no es un tema solo de Rappi: la confianza en el ecosistema de startups latinoamericano peligraría si su salida a bolsa no es exitosa. Ojalá la presión no los lleve a apresurar su decisión 

David González Escobar

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