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Columnistas | PUBLICADO EL 19 mayo 2020

Modelo sueco contra el Covid-19

Por: Hernán González Rodríguez

A mediados de marzo pasado, radicaba la idea prevalente para combatir el covid-19 en “aplanar la curva”, esto es, disminuir el número total de infecciones en el tiempo para no sobrecargar las infraestructuras para el cuidado de la salud de los países, infraestructuras con frecuencia inexistentes o mal dotadas, como, por ejemplo, la falta de respiradores. Con tal fin se tomaron ciertas medidas para mitigar los daños de una pandemia por medio de controles como cancelar las reuniones de numerosas personas y restringir los contactos entre ellas, a fin de recortar las cadenas de transmisión por medio del distanciamiento social. En opinión de numerosos expertos, lo que se ha logrado tiene efectos más desastrosos y a más largo plazo, tanto sobre los problemas de la salud como sobre las economías.

Las tasas de mortalidad resultaban ser tan elevadas e insoportables que había que mantener a las sociedades encerradas hasta que se lograra hallar una vacuna antes del año o más. Entre tanto, todos los movimientos deberían ser controlados y monitoreados por medio de documentos, de protocolos aprobados por los gobiernos. En los Estados Unidos, el asesor de Trump, señor Ezekiel Emmanuel dijo: “no hay otra alternativa diferente a permanecer aislados indefinidamente”.

El modelo sueco es el futuro. La estrategia china de la contención ha fracasado hasta para la Organización Mundial de la Salud, que ahora respalda el modelo sueco de elevar las capacidades para atender a los enfermos y para confiar, en especial, en el distanciamiento social voluntario. El diario The Financial Times de Londres informó el pasado 29 de abril: “Suecia ha implantado políticas de salud pública, que, a diferencia con muchos otros países, optaron por confiar en las relaciones entre sus ciudadanos reguladas por ellos“.

El diario The Lancet publicó el martes 5 de mayo un artículo firmado por el experto sueco en enfermedades infecciosas, señor Johan Giescke, en el cual sostiene que: “Las cuarentenas no reducen las muertes totales, porque las zonas sin cuarentenas reportan tasas de muerte similares a las con cuarentenas”...Y agregó Giescke: “Un diario sueco publicó el 29 de abril pasado que, en Estocolmo, entre el 20 - 25% de su población había sido infectada y entre el 98 - 99% de ellos, probablemente, ni siquiera se enteraron de su infección, porque presentaron, quizá, síntomas leves, injustificados para acudir a un hospital para ser revisados. Las pruebas serológicas soportan estos porcentajes”.

Y concluyó nuestro autor: “Todos estaremos expuestos al síndrome respiratorio severo del coronavirus y la mayoría resultará infectada. No he visto que el covid-19 se expanda como el fuego en todos los países. Entiendo que se contagia desde los jóvenes sin o con síntomas leves a otras personas que sí presentarán algunos síntomas algo más graves. Esta pandemia real, oculta, ya se acerca a su pico en muchos países europeos. Muy poco podemos hacer para prevenir el contagio: las cuarentenas sí podrían dilatar los casos severos durante algún tiempo, pero reaparecerán, una vez se suspendan las restricciones. Espero que cuando comparemos el número de muertes por culpa del covid-19 dentro de unos años, las cifras serán muy similares, independientemente de las medidas adoptadas”.

Mi conclusión: Nos hallamos hoy frente a dos opciones: Esperar la inmunidad por medio de una vacuna o por medio de la inmunidad colectiva o de rebaño, la cual se alcanza tras los contactos esporádicos de los ciudadanos en su vida diaria con los anticuerpos del virus.

Referencia que se puede consultar por Google, digitando: When Gobernments Switched Their Story from “Flatten the Curve to Lockdown until Vaccine. Autor: Rayan McMaken. Este autor autoriza reproducir todos sus destacados artículos.

Si quiere más información:

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