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El próximo Congreso será definitivo para preservar la democracia y la Constitución.
Por Mauricio Perfetti Del Corral - mauricioperfetti@gmail.com
El nuevo año inicia en medio de significativos hechos que determinarán el desenvolvimiento de nuestro país; es necesario plantear al menos cuatro consideraciones que constituyen un llamado para este 2026 crucial para la democracia, la economía y las relaciones internacionales.
Una democracia en riesgo es la primera consideración dada la combinación de una alta polarización política con un gobierno que incentiva la lucha de clases (“la humanidad la sigue impulsando la lucha de clases”, Petro, 2021) y evade la normatividad legal, la Constitución y las instituciones. En cualquier democracia existe división de poderes, y le corresponde al Congreso discutir, modificar y aprobar o no las iniciativas del ejecutivo. El gobierno del cambio ha pretendido imponer sus proyectos de ley y, si no son aprobados, entonces se promueven vía decretos, actos legislativos o constituyente. También ha promovido movilizaciones contra las Cortes para presionar sus decisiones. Todo esto erosiona los pilares de la democracia. Por eso es necesario preservar ante todo la democracia, la Constitución, sus normas e instituciones y detener la polarización.
La segunda consideración es la necesidad de romper la alta abstención en el país pues en los últimos 20 años la mitad o un poco más de los colombianos habilitados para votar no acuden a las urnas. Incluso es necesario darle la misma importancia a la elección del nuevo Congreso, que a las próximas elecciones presidenciales. El próximo Congreso será definitivo para preservar la democracia y la Constitución, así como para apoyar las difíciles transformaciones que va a requerir el país después de Petro.
La tercera consideración es sobre el populismo económico galopante y dañino del gobierno como estrategia electoral; de esto dan cuenta la reforma tributaria, sin reducción del gasto público y por vía de la emergencia económica, así como el reciente aumento del salario mínimo. Algunos autores han documentado los efectos perversos del populismo: Dornbusch y Edwards, (1990) señalan que los programas populistas tienden a terminar mal pues cuando colapsan -por alta inflación y escasez, déficits y fuerte caída del salario real de los trabajadores- lo hacen a un elevado costo para grupos que pretendían favorecer. Y, Funke, Schularick & Trebesch (2023) muestran que el costo económico promedio del populismo es alto pues el PIB per cápita es 10,0% inferior con respecto a países similares sin populismo.
Un entorno mundial volátil e imprevisible constituye la última consideración. Un orden internacional en giro a la multipolaridad signado por el decaimiento del sistema multilateral y las guerras actuales se suman los eventos recientes de Venezuela con la intervención de EE. UU. Según de la Calle, es necesario que se “priorice todo esfuerzo para impedir que Colombia termine envuelto en desarrollos militares”. El respeto al derecho internacional es fundamental y es urgente la convocatoria de la Comisión de Relaciones Exteriores. Lo que no puede pasar es que, en medio de esta grave polarización política del país, algunos promuevan una intervención de EE. UU en Colombia; eso sería fatal y nos devolvería a otro ciclo de violencia política.