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Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co
No debe haber vacilación alguna: el 8 de marzo el voto es triple por el Centro Democrático: por la lista nacional al Senado, por las listas departamentales a la Cámara y por Paloma Valencia en la consulta de la Gran Alianza por Colombia.
En la confrontación con el petrismo están en juego la libertad económica, la propiedad privada y la democracia liberal. Por eso, desde el primer día del gobierno de Petro, el Centro Democrático se declaró en oposición y la ejerció sin titubeos: dio las batallas parlamentarias y judiciales, denunció los excesos y contuvo —hasta donde fue posible— reformas orientadas a expandir el poder del Estado sobre la sociedad civil.
Muy distinto fue el comportamiento de los partidos Liberal, Conservador y de la U, que se refugiaron en la cómoda etiqueta de la “independencia”. Esa independencia resultó ser, en la práctica, un intercambio de apoyos por cuotas burocráticas y contratos. Algo similar ocurrió con Alianza Verde y MIRA, cuya retórica anticorrupción contrastó con votaciones favorables al gobierno. Sin esos respaldos vergonzantes, el proyecto hegemónico del petrismo no habría avanzado tanto. No se debe premiar con el voto el comportamiento infame de esos partidos. Tampoco desperdiciarlo en advenedizos que no alcanzarán el umbral.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay no es un hecho aislado. Es un mensaje intimidatorio dirigido contra la única fuerza política que ha planteado una confrontación frontal contra el narcotráfico, el crimen organizado y la captura institucional. Y en esa confrontación hay antecedentes que no deben olvidarse. El hoy candidato presidencial Iván Cepeda apareció mencionado en los computadores de Raúl Reyes. Ese episodio ilustra su proximidad histórica con el entramado político de las FARC uno de cuyos frentes llevaba el nombre de su padre.
La candidatura de Paloma Valencia representa una decisión inequívoca: restablecer el monopolio legítimo de la fuerza, recuperar el control territorial y desmontar las economías ilegales. El Centro Democrático, bajo el liderazgo de Álvaro Uribe, ha sido la única fuerza que, con coherencia doctrinaria, asumió sin ambages la lucha contra las organizaciones criminales y defendió un modelo de economía libre con seguridad democrática.
Se equivocan quienes suponen que las firmas sustituyen la estructura partidista y el voto de opinión consolidado. El Centro Democrático ya ganó una elección presidencial y ganó otra en primera vuelta. No es una fuerza marginal ni improvisada. Pretender que Paloma decline ante un outsider es desconocer la importancia de la cohesión y la claridad programática en una hora decisiva.
Lo que está en juego en 2026 no es una alternancia rutinaria, sino la preservación del orden democrático y liberal. Iván Cepeda encarna un proyecto ideológico que se asume portador de una verdad histórica superior. Y cuando alguien se cree investido de ese mandato, no se detiene ante ningún crimen.
La hora exige firmeza, claridad doctrinaria y coraje político. El 8 de marzo, el mensaje debe ser nítido: voto triple por el Centro Democrático y por Paloma Valencia. Sin ambigüedades. Sin dispersión. Sin miedo. Con esperanza.