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Milei y Trump están sacudiendo el globalismo socializante que desde hace años corrompe la institucionalidad internacional.
Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co
Si no podemos reducirlo, debemos tratar de que no crezca más, decía, hablando del tamaño del gobierno, un desesperanzado Friedman a mediados de los 70. También la desesperanza por el futuro de la sociedad libre es el telón de fondo de Derecho, legislación y libertad, la portentosa obra a cuya composición Hayek dedicó la década de los setenta. Aunque Hayek había recibido el nobel en 1974 y Friedman en 1976, el reconocimiento académico no implicaba, necesariamente, la relevancia práctica de sus doctrinas.
Y entonces, en 1979, Margaret Thatcher es nombrada primera ministra del Reino Unido y, en 1981, Ronald Reagan es elegido presidente de Estados Unidos, dando lugar, después de décadas de intervencionismo keynesiano, a un renacimiento del liberalismo pro mercado en el diseño y aplicación de la política económica en las grandes democracias occidentales y, de contera, en numerosos países subdesarrollados.
Thatcher y Reagan formaron, en efecto, un tándem formidable cuya irrupción en el escenario mundial sacudió las bases de la política económica de todos países Europa Occidental y, con la complicidad involuntaria de Gorbachov, provocó el terremoto político que acabó con el comunismo en Europa Oriental y la Unión Soviética. Su influencia se proyectó en las reformas liberales del llamado Consenso de Washington adoptadas por varios países de América Latina en los años 90.
En Colombia esa influencia se hizo sentir en la liberación del mercado cambiario, la apertura económica, la reforma financiera, la ley de seguridad social, la reforma laboral, la ley eléctrica, la ley de servicios públicos, la banca central autónoma y la privatización de varias empresas estatales adelantadas por los gobiernos de Virgilio Barco y, principalmente, Cesar Gaviria. Desafortunadamente, el proceso de reformas liberales pro mercado y de reducción del estado se detuvo durante los gobiernos de Samper Pizano y Pastrana Arango y avanzó un poco en el primer gobierno de Uribe Vélez. Con Santos y Duque los avances liberales se debilitaron, mientras que Petro se ha empeñado en su destrucción.
Milei y Trump están sacudiendo el globalismo socializante que desde hace años corrompe la institucionalidad internacional con su prédica asistencialista, su ambientalismo hirsuto y su actitud complaciente con regímenes antidemocráticos supuestamente progresistas. Muy seguramente sus políticas públicas tendrán impacto en las de otros países.
Es posible, especialmente por Milei, que las políticas de disciplina fiscal, reducción de la burocracia, focalización eficiente del gasto público, supresión de subsidios indiscriminados, reducción del estado empresario y desregulación de la actividad económica, entre otras, recuperen prestigio y protagonismo en la agenda macroeconómica de Colombia y otros países de América Latina.
El efecto Trump se sentirá mucho más directamente en el ámbito político y afectará, particularmente, a los regímenes dictatoriales de Cuba, Nicaragua y Venezuela que pronto extrañarán la complacencia cómplice del gobierno de Biden. Por su parte, Petro, Lula, Maduro, Ortega, Diaz-Canel y todos los líderes del Foro de Sao Paulo deben estar viendo la designación de Marco Rubio como la materialización de su peor pesadilla. Eso está muy bien.