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Anne Dufourmantelle decía que “la gentileza es resistencia, es poder”, y yo estoy convencida de que sí lo es.
Por Rosana Arizmendi Mejía - JuntasSomosMasMed@gmail.com
“Frente a la violencia del mundo, la dulzura es un poder infinito”.
Esto dijo Anne Dufourmantelle, una filósofa y psicoanalista francesa que conocí gracias al post que Parque Explora le dedicó el 31 de diciembre de 2025.
“Frente a la violencia del mundo, la dulzura es un poder infinito”, me repito desde la semana pasada. Como un mantra. Como siguiendo una luciérnaga que alumbra la oscuridad de la desazón.
En su momento guardé esta frase porque pensé que era un gran deseo/propósito personal para 2026: conectar con la dulzura (y yo añadí la ternura) como antídoto para la rabia, la intolerancia y la frustración. Pero ahora siento que es urgente volver a ella, y ya no solo desde lo personal, sino también desde lo colectivo. Porque el miedo se ha vuelto el protagonista. Porque ha atravesado, sin piedad, las decisiones que tomamos como sociedad. Y porque, cuando se alimenta y se deja crecer, esta emoción que todo lo desdibuja cuando no se tramita, hace que nos olvidemos de que la vida es mucho más, de que ella —la vida— continúa su curso (como lo ha hecho desde siempre) y de que —afortunadamente— la dulzura la habita.
Mariana Matija, una mujer que admiro por su capacidad y perseverancia para conectar con esa dulzura, dice: “que las promesas de quienes aspiran a ser presidente no nos distraigan de la realidad de una existencia que es compartida siempre, y que se cultiva y nutre y se llena de sentido con las acciones de todos los días, en las formas en que elegimos tratarnos unas a otras y al mundo que nos contiene y nos sostiene, y a nosotras mismas, independientemente de quién es presidente”. Y continúa: “(...) la vida sucede en nuestros cuerpos y en nuestras casas y en nuestras comunidades y en los ecosistemas en los que estamos tejidas, y todos los días (no solo en elecciones) tenemos la posibilidad de sembrar y cuidar (...)”. Y yo estoy absolutamente de acuerdo. Porque la vida es, en efecto, un inmenso tejido de relaciones, gestos, actitudes, experiencias, que tenemos la posibilidad de nutrir en el día a día, y que, si lo hacemos con cuidado y gentileza, crecen hasta ocupar mucho más espacio que el miedo, y se convierten en cosas que a su vez nos alimentan y nos hacen-dejan crecer... Como la mano de mi abuelita sobre mi cara y su mirada llena de bondad cuando se estaba despidiendo antes de morirse; como mi gato acurrucándose sobre el escritorio, al lado de mi computador, mientras trabajo; como mi papá acariciándome la cabeza, mientras me dice que se alegra mucho de verme; como las hojas nuevas que están naciendo tras haber abonado la tierra; como un sábado por la tarde de hacer pereza abrazada al amor que me acompaña.
Anne Dufourmantelle decía que “la gentileza es resistencia, es poder”, y yo estoy convencida de que sí lo es. Porque las luciérnagas nunca dejan de brillar en la oscuridad. Y porque, a pesar del miedo, la vida y la dulzura siguen aquí, listas para acariciarnos. Como mi abuelita, como mi gato, como mi papá.