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Poderoso caballero es Don Dinero

Dineros malgastados en burocracias y derrochados en gastos inútiles. No pocos llenaron las alforjas y se marcharon.

hace 8 horas
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  • Poderoso caballero es Don Dinero

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Si hubo un gobierno, en los 200 y más años de vida republicana, con las mayores impudicias y arbitrariedades, fue el de Petro. No se quedó página de los códigos éticos por violar. Se perdió el respeto por la figura presidencial. Se cometieron toda clase de desvergüenzas por sus validos y su familia. La moral fue arrinconada. Truculencias a montón. Un altísimo porcentaje de los delitos, asfixiados por la impunidad. Su tocayo y hermano en el populismo, pero de derechas, el general Gustavo Rojas Pinilla, a mediados del siglo XX, se le quedó muy corto en desorganización administrativa y en saqueos a las arcas del Estado. Rojas fue apenas un raterito. La corrupción a gran escala sí fue el signo del mandato que pasado mañana concluye.

Si bien es cierto que buena parte de la corrupción llegó en los bajeles de los conquistadores españoles, también lo es que aquí se “mejoró” con la malicia de los aborígenes. La sola formación de la República se hizo con el papel de “Don Dinero en la Independencia”, y alcanzó altos niveles con los primeros empréstitos que se hicieron para financiar la gesta libertadora. No es sino repasar la célebre carta de Santander, en donde sostiene que “Bolívar, en 1819, autorizó a Francisco Antonio Zea para negociar un empréstito que, en efecto, se negoció en París en marzo de 1822, por diez millones de pesos, de los cuales no se vio ni uno solo en nuestras arcas y nadie critica ni declara contra ello”. De allí en adelante, a medida que las guerras civiles decimonónicas abundaban y se hacían constituciones firmadas con las puntas de las bayonetas de los ganadores, los dineros del Estado eran tratados como botín de guerra para usufructo de quienes conquistaban el poder. Pocos gobiernos en lo que va transcurrido de historia colombiana se han salvado de escándalos.

Pero el récord del pasado negro de gobiernos temerarios en la historia colombiana se rompió en este mandato que agoniza. Dineros malgastados en burocracias y derrochados en gastos inútiles. No pocos llenaron las alforjas y se marcharon. Cadenas de corrupción y redes de contratos. Cómo sería la rapiña que hasta la directora del Dapre –ayer amada y hoy vejada por Petro– denunció que en la Casa de Nariño había “un concierto para delinquir”. En ese palacio presidencial en una de cuyas paredes se habría podido grabar lo escrito por Quevedo y Villegas hace cuatro siglos: “Poderoso Caballero es don dinero...Yo al oro me humillo, él es mi amante y amado...”.

Para ponerle punto final a su Gobierno, ahora invita a los pueblos “a formar milicias para defender la vida”. El reencauche del paramilitarismo que tanto condenó. Es su teoría de las paradojas y del absurdo. Como decía Pablo Felipe Robledo, “estuvimos gobernados por un loco que se creía cuerdo, un ignorante que se creía sabio, un insensato lleno de contradicciones, un mentiroso que actuaba más serio que un tramposo, un energúmeno que ni cara de bravo ponía y un disociador que se creía el salvador del mundo y de la sociedad”.

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