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Considera que la protección contra la enfermedad se debería manejar como un seguro, en cuya atención deberían poder participar entidades privadas y no solo las públicas.
Por Luis Gonzalo Morales Sánchez - opinion@elcolombiano.com.co
Javier Gerardo Milei nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1970, es un docente, economista seguidor de la escuela austriaca, y líder político del movimiento La Libertad Avanza. Definido por sus detractores como de extrema derecha, por otros como de derecha libertaria, y autodenominado “anarcocapitalista en la teoría, liberal-libertario y minarquista en la vida real”. Con posiciones disímiles como condenar el aborto, pero estar de acuerdo con el matrimonio igualitario.
Es un candidato con grandes opciones de ocupar la presidencia argentina en las elecciones de octubre de 2023, país venido a menos luego de haber sido en el pasado potencia social y económica de Latinoamérica, con una inflación desbordada por décadas cuyos intentos por controlarla han profundizado la pobreza que hoy llega al 45% de la población. Acusa al gobierno de ser su principal generador al “seguir aprobando presupuestos con déficit fiscal, (que) es inmoral”.
Su plan de gobierno se basa en controlar la inflación, dolarizando la economía y acabando con el Banco Central para “romper la máquina de imprimir billetes a los políticos ladrones”, y realizar un profundo ajuste al sector público reduciendo los ministerios de 18 a 8. Considera que los males de la nación se originan en los políticos que se han lucrado del gasto público a costa de empobrecer al pueblo, a quienes sentencia que “la solución no puede estar en quienes son el problema”.
Reprocha severamente los programas de ayuda a los pobres que califica de “mafias de las que come la política” y que define como “la esclavitud del siglo XXI” a cuyos beneficiarios los políticos instrumentalizan para garantizar su fidelidad.
Propone fusionar en el nuevo ministerio del Capital Humano las carteras de Niñez y familia, Salud, Educación y Trabajo, bajo el supuesto de que el 70% del crecimiento económico está en el capital humano, poniendo de ejemplo a Japón que no tiene recursos naturales. Plantea una “canasta mínima” en salud, educación, empleo y nutrición, reconociendo que los determinantes de la salud están en las condiciones sociales y económicas en los que vive la población donde “lo más importante es la prevención”.
Aboga por un mayor rol del sector privado en la prestación de servicios de salud, educación, empleo y protección social. Considera que la protección contra la enfermedad se debería manejar como un seguro, en cuya atención deberían poder participar entidades privadas y no solo las públicas. Propone un sistema de váucheres para los más pobres, como el utilizado en Suecia en educación, “donde sean ellos y no los políticos corruptos quienes decidan donde asistir”. Afirma que “financiar la oferta genera clientelismo... se comen la plata y prestan un mal servicio”.
Milei en el fondo hace una severa crítica a la clase política que ha gobernado su país por décadas quienes han utilizado como bandera la lucha contra la pobreza, y que paradójicamente han multiplicado. Como bien lo dice “a los únicos que les ha ido bien (en la lucha contra la pobreza) es a los políticos”.