viernes
2 y 8
2 y 8
La supuesta e inevitable reducción de la producción de hidrocarburos fue el paradigma que explicó durante mucho tiempo parte del escenario geopolítico mundial y el soporte de los pronósticos del sector energético. La creencia que se aproximaba un pico de la producción seguido de una disminución de la oferta, fortaleció la idea que cualquiera que tuviese petróleo, no importa quién fuera, cómo se comportaba, si tenía deficiencias institucionales, descontentos civiles, mala gestión, dictaduras o cualquier otra lacra parecida, no podía ser subestimado y debía considerarse como actor mundial relevante.
Por eso el Medio Oriente, en el que algunas regiones parecen seguir bajo el islam del siglo VII, continúa siendo un área estratégica mundial. Por eso Rusia, a pesar de ser un peligroso país subdesarrollado y condenado a seguir siéndolo, hace sentir los golpes de Putin en la mesa mundial. Por eso en los diagnósticos energéticos se siguen considerando a dictaduras o estados fallidos como Nigeria, Libia, Irak, Venezuela e Irán, y es necesario monitorear las decisiones de la OPEP.
Pero el petróleo y gas de esquisto, y especialmente la producción de EE.UU., está desbaratando el paradigma energético y por ende el tablero geopolítico mundial. Un ejemplo de los cambios es el probable debilitamiento de la OPEP y el factible canibalismo a su interior. Antes, una caída en los precios mundiales era resuelta por la OPEP y Rusia, que ahora parecen ser compañeros en la desgracia, reduciendo la oferta. Pero ahora todo está cambiando. Quien reduzca la oferta pierde cuota del mercado, la que inmediatamente puede ser tomada por los que cada día producen más. Y este fenómeno podría darse también al interior mismo de la OPEP. Los grandes de esa asociación van a sacrificar a los pequeños, y pueden incluir a Venezuela en el segundo grupo. Por eso hace algunas semanas dije que el futuro de Venezuela era más oscuro que su petróleo pesado.
El Medio Oriente, que cuando se incendiaba preocupaba al mundo entero, ahora si deciden matarse entre ellos, tal vez los dejen hacerlo. El futuro ruso es muy incierto, lo que podría llevar a su dirigencia a ver frustrada sus aspiraciones, como su desquite con occidente, y el desespero lo empujaría a “hacer daños”. En billar cuando no se puede hacer carambola, se intenta que los demás tampoco la hagan.
Con cambios tecnológicos en marcha como inteligencia artificial, automatización, big data, autos eléctricos, etc., coincidiendo con pronósticos de producción de petróleo permiano de Texas a 15 dólares/barril, todos aquellos que adquirieron poder a partir de una posible reducción de hidrocarburos, se desinflarían.
Por eso los “fundambientalistas” y “chavistas promotores de las propiedades mágicas del aguacate” que se oponen al fracking en Colombia, que puede y debe hacerse “bien hecho”, nos llevarían a que en unos años tengamos que comernos el petróleo en vez de venderlo. Hay que sacar los hidrocarburos que tenemos, antes de que sea económicamente inviable o nadie los quiera.