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Columnistas | PUBLICADO EL 21 noviembre 2022

La navidad prematura

Suficiente angustia tenemos con los eventos que anuncian el cambio climático como para que nos muestren nieve en octubre, especialmente a quienes vivimos en la zona tórrida.

Por Juan David Escobar Valencia
redaccion@elcolombiano.com.co

No es extraño que a medida que uno envejece pareciera que el tiempo corre más rápido, lo que resulta catalizando la sensación de que efectivamente “uno se está volviendo más viejo”.

Pero como si eso no fuera suficiente, hay cosas que empeoran la situación, como la desagradable costumbre de los comerciantes de anticipar la llegada de la Navidad. Me molesta que le empiecen a uno a vender árboles e instalaciones de luces navideñas incluso antes del Halloween. Uno porque ya está más cerca del arpa que de la guitarra, pero para los niños debe ser un motivo de confusión al querer definir de qué se van a disfrazar en Halloween cuando ven en las vitrinas a un superhéroe vestido de rojo, que no es Flash, Deadpool o ninguna de las versiones de Spider-Man en varios multiversos, con poderes sobrenaturales con los que vuela por los aires, no por medio de cohetes impulsados por los hidrocarburos que según un disfrazado de presidente son más peligrosos que aspirar cocaína, y que no trabaja como periodista del Daily Planet como Superman, sino que parece ser un empleado del área de reparto carbono neutral de Fedex o Ups, y a quien no le importa violar los domicilios ajenos ni tener el abdomen labrado como una chocolatina.

Suficiente angustia tenemos con los eventos que anuncian el cambio climático como para que nos muestren nieve en octubre, especialmente a quienes vivimos en la zona tórrida, donde lo único parecido a la nieve son las canas del pelo, que te recuerdan nuevamente “que uno se está volviendo viejo”.

Intento comprender el afán de algunos por anticipar la llegada del Niño Dios, aunque sea el gordito ese del polo norte el que se robe el show. Para quienes no ven la hora de emborracharse sin tener que esperar a diciembre para vomitar y hacer el ridículo delante de todos con la justificación que supuestamente otorga el fin del año, resultará una delicia poder salivar desde octubre pensando en los litros de alcohol que le meterán al torrente sanguíneo. Para los comerciantes, más interesados en rotar el inventario que reanimar el espíritu navideño, anticipar las ventas decembrinas puede ser financieramente atractivo y además dirán, con lo que aprendieron en la pandemia, que lo están haciendo así para “aplanar la curva” de la demanda navideña y evitarnos las aglomeraciones de fin de año. Claro que ni siquiera en eso somos innovadores. En 1939, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt adelantó una semana el Día de Acción de Gracias, del 30 al 23 de noviembre para prolongar la temporada de compras navideñas, lo que luego fue denominado como el Franksgiving.

Déjenos tranquilos por favor, cada cosa a su tiempo, la Navidad es roja y no verde por hacerla prematuramente. Yo sé que el país desde agosto está mal y se va a poner peor, pero al menos esperamos llegar a fin de año.

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