<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Columnistas | PUBLICADO EL 26 octubre 2021

La minería sí puede funcionar en colombia

Por juan camilo quinterojuanquinterocti@gmail.com

La semana pasada culminó el Congreso Nacional de Minería en el cual participaron algunos precandidatos a la presidencia de la República de Colombia. Un evento cargado de optimismo en torno a las enormes posibilidades que tiene la minería bien hecha en Colombia.

Frente a la minería, hay que reconocer que la incapacidad del Estado para llegar a todo el territorio nacional permitió que las poblaciones más alejadas de las grandes capitales se desarrollaran sin buena planeación y bajo el control de los grupos al margen de la ley. Esto conllevó a que las zonas de mayor potencial mineral crecieran de manera desorganizada, informal y sin ningún estándar social, ambiental y de contribución impositiva a la región y el país. La verdad es que crecimos bajo el drama del 70 % de la producción de oro ilegal e informal. Pero la buena noticia es que esa realidad puede y debe cambiar: el Estado, dueño de los minerales del subsuelo, lo puede lograr con una gran alianza con las empresas formales y con que ellas puedan invertir en el desarrollo de esas zonas.

Todos los candidatos (excepto Petro) asistentes, manifestaron la importancia del sector para los ingresos fiscales del país y la importancia de las regalías. Un sector que paga más de $5 billones al año en regalías e impuestos, que genera más de 1,2 millones de empleos directos e indirectos y que contribuye con más del 27 % de las exportaciones de Colombia no puede desdeñarse. Bien manejado, en el mediano plazo podemos volvernos una potencia mundial en minería. Estoy seguro de que una alianza fuerte entre el Estado y el sector, enmarcada en el capitalismo consciente, puede ser una de las fuentes más importantes para formalizar la minería y, a la vez, disminuir la migración que hoy tiene la mayoría de los territorios por falta de oportunidades.

En el caso de Antioquia, el Valle de Aburrá se convirtió en un modelo macrocefálico ya planteado por el Planea, que invita a descentralizar las oportunidades, atraer mayor inversión a las subregiones y, con estas, construir las infraestructuras necesarias para que la gente pueda tener salud, educación de calidad y, a la vez, empleos formales en los municipios donde se nace y se crece.

Todos en el foro coincidimos en que no se trata de escoger uno u otro sector, se trata de hacer las cosas bien. Un país que necesita de sus minerales para poder seguir invirtiendo en la salud, educación y vivienda de la gente, pero, a su vez, financiando el sistema investigativo y científico, debe seguir más los pasos de Canadá, Australia y Chile que seguir la tesis del candidato Petro de renunciar a nuestras riquezas. Si Panamá y Ecuador lo están logrando, ¿por qué Colombia no podría?

Solamente en cobre, que es el mineral por excelencia de la transición energética y el cambio climático, el Banco Mundial considera que Colombia es uno de los seis países de mayores reservas en el mundo. Si queremos salvar el planeta de una catástrofe ambiental y climática, lo más responsable sería extraerlo con altos estándares de sostenibilidad y con sellos verdes. La humanidad lo necesita y Colombia lo puede ofrecer. La minería, la agricultura y el turismo pueden ir de la mano, no me cabe la menor duda. Así funciona en el mundo y puede hacerlo en nuestro país.

P.D.: actualmente laboro en Anglo Gold Ashanti 

.