Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

La grisificación

hace 11 horas
bookmark
  • La grisificación

Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

Como estoy remodelando un baño fui a buscar baldosas a un lugar especializado en venta de materiales para la construcción y la decoración y me encontré con algo inquietante. Después de entrar a muchos locales —y salir frustrada de todos ellos— concluí que perdimos el color. Absolutamente todas las opciones que me mostraron eran grises o beige o blancas. Yo estaba buscando justo lo contrario: unas baldosas coloridas para darle vida al baño, pero fue imposible encontrarlas. Con esa nueva mirada escudriñé los demás almacenes sólo para constatar que las construcciones modernas se han uniformado con los mismos materiales: concreto crudo, vidrio templado, acero, maderas paliduchas y paletas monocromáticas. No recuerdo dónde leí que la venta de pinturas de tonos grises se había quintuplicado en los últimos años.

No es la primera vez que me fijo en este tipo de cosas y no lo es porque a mí me encantan los colores. Llevo años quejándome de que la gran mayoría de los carros de la ciudad son grises. Yo tuve uno que se llamaba Pitufo y era de un azul tan estrambótico que todo el mundo lo señalaba al pasar. Otro era verde y se llamaba Marciano. Tuve una bicicleta tan fosforescente que la nombré Fosforito. Mi cafetera es amarilla y mis sartenes rojas y, ante la imposibilidad de encontrar una nevera de un color vívido, he optado por pegarle a la mía imanes, postales, ilustraciones, cosas así. Rara vez me visto de negro y no tengo ni una sola prenda café. Una vez pregunté en un concesionario por qué todos los carros eran grises y la respuesta del vendedor me pareció lo más de triste: «porque es un color muy comercial». Creo que lo mismo aplica para edificios, locales y casas modernas: abusan de lo neutro para garantizar una venta rápida; lo gris, a fin de cuentas, le sirve a cualquiera y lo que le sirve a cualquiera —ya sabemos— carece de personalidad. Justo ese es el costo oculto de la grisificación. Los espacios se homogenizan, se pierde la identidad local. El famoso urbanista danés Jan Ghel argumenta que los espacios públicos coloridos con texturas variadas y a escala humana estimulan de forma directa el compromiso social y el sentido de comunidad. Los materiales y colores estériles, en cambio, producen aislamiento psicológico y reducen el tiempo que las personas pasan en las calles lo que se traduce en ciudadanos desconectados y apáticos. La prueba es que los callejones más instagrameables son los más coloridos, son los más genuinos, son justo los que queremos visitar y postear, por algo será.

La grisificación se ha expandido porque nos hemos dejado convencer de que los materiales y colores neutros están asociados a la sofisticación intelectual y el buen gusto. Vivimos en un mundo globalizado donde la aprobación de los demás es más importante que nuestro propio gusto y criterio. Ahora que lo pienso bien, creo que no perdimos los colores, perdimos algo mucho más grave: la valentía de usarlos para diferenciarnos, para ser nosotros mismos. Por eso no pienso rendirme, no pienso dejarme convencer de que los baños grises están de moda. Esas baldosas de colores las encuentro porque las encuentro.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD