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Columnistas | PUBLICADO EL 30 septiembre 2021

LA FRAGILIDAD DE LA PAZ

Por Henry Medinamedina.henry@gmail.com

Hace 76 años se realizó la primera reunión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), nacida de la necesidad de construir la paz mundial, y hace cinco años se firmó el acuerdo del Estado colombiano con las Farc, con el propósito de alcanzar la paz en Colombia. Los dos hechos merecen ser celebrados y vistos con la óptica del vaso medio lleno.

La semana pasada, en la iniciación del nuevo periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, su secretario, António Guterres, pronunció ante los líderes mundiales unas palabras de apertura que se salieron de lo rutinario. También lo hizo nuestro presidente cuando le correspondió el turno.

Los dos discursos, políticamente correctos, llenos de idealismo y frases bellas, pero sin capacidad para mover a la acción, tuvieron como columna vertebral la seguridad en sus diferentes dimensiones. Guterres, con una apreciación desde el balcón sobre las crisis en el orden mundial; mientras Duque, en un claro autoelogio, se ubicó primero en la historia y primero en la región. Qué bueno y deseable que nuestro país y su gobierno fueran la Colombia que Duque describe en sus discursos, aunque reconozco que hace lo que se debe cuando se habla del país fuera de casa.

Guterres, con una posición marcadamente pesimista, afirmó que el mundo nunca ha estado más amenazado y dividido, caracterizado por la exclusión, la discriminación, la fragmentación entre ricos y pobres y la fractura en bloques geopolíticos irreconciliables. Dentro de los problemas esenciales y prioritarios por resolver se refirió a la pandemia, el cambio climático, la fragilidad de la paz mundial, la violación de los derechos humanos, la desconfianza entre gobernantes y gobernados, la crisis generacional, los problemas de género, la desconfianza y la desinformación que está polarizando a la gente y paralizando las sociedades.

Después de definir un escenario gris, Guterres propositivamente advirtió que es necesario un nuevo contrato social, caracterizado por la solidaridad y el multilateralismo, la interdependencia y la confianza. Su conclusión es que “hemos aprobado el examen en Ciencias, pero no el de Ética”.

Nuestro presidente se refirió a los aspectos tratados por Guterres para reafirmar con orgullo que su gobierno ha puesto en marcha la más ambiciosa agenda social de este siglo y, tal vez, de nuestra historia reciente, particularizando su accionar frente a la pandemia, el cambio climático, los derechos humanos, el narcotráfico, Venezuela y otros asuntos. Solo se apartó de la línea común para referirse al “frágil” acuerdo de paz que recibió al iniciar su gobierno, afirmación que ha creado un motivo más de disputa innecesaria y polarización en la agenda nacional, con nefastos efectos en el también frágil ambiente de seguridad pública.

Como el actual gobierno recibió el proceso de paz con las Farc recién firmado, aprobado por el Legislativo e incorporado a nuestra Constitución, era obvio que su estado fuese frágil, como el de un recién nacido que necesita alimento y protección y no exposición a inminentes riesgos que lo puedan llevar al borde de la inanición. No hay duda de que llevar el tema a la ONU fue un acto políticamente equivocado.

Ojalá el gobierno que elijamos el año entrante desarrolle las políticas necesarias para hacer realidad el país que nuestro presidente describió ante las Naciones Unidas y logremos fortalecer la frágil perspectiva de una paz completa

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