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La democracia local se respeta

En una ciudad como Medellín, no basta con hacerse elegir, es necesario demostrar una alta capacidad de gestión y un importante nivel de representatividad.

24 de noviembre de 2023
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  • La democracia local se respeta

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

Medellín constituye un claro caso de las consecuencias que tienen que asumir quienes, por soberbia, ignorancia o simplemente mala orientación, tienen la falsa idea “mesiánica” de que pueden jugar a su antojo con los intereses y las necesidades de la ciudadanía. Según el adagio popular, el pueblo es sabio, y aunque puede equivocarse temporalmente, finalmente la sabiduría de las mayorías se impone y quienes lo confundieron o engañaron, más tarde que temprano, deben asumir las consecuencias de su inadecuada conducta.

En este sentido, la ciudad de Medellín y su electorado han dado ejemplo de integridad y conocimiento. De buena fe, con un importante grado de ingenuidad y alto costo por cierta desmedida confianza, la ciudadanía eligió a un alcalde, entendiendo que se trataba de un hombre independiente, capaz de aglutinar y continuar con un modelo de desarrollo ciudadano que venía estructurándose desde tiempo atrás. Con esta creencia, recibió el apoyo de los diferentes sectores sociales, incluso por invitación del entonces gerente de Empresas Públicas y con su anuencia, se conformó una junta directiva de lujo, digna de la primera empresa pública de los antioqueños.

Luego de su posesión, mostró su intención por retomar el viejo discurso de lucha de clases, ignorar la historia de la ciudad e implantar un modelo cuyo propósito central consistía en desconocer la esencia de la antioqueñidad. La primera e inmediata reacción provino de la junta directiva de EPM. La falta de claridad, el irrespeto por el modelo corporativo e institucional hizo que de manera inmediata y tajante presentáramos renuncia irrevocable. No podíamos cohonestar con el modelo de gobernabilidad que quería imponerse.

En general, muy pronto la ciudadanía comenzó a percatarse del cúmulo de falsas expectativas creadas por una administración que se sintió por encima de la institucionalidad, del mandato ciudadano y posiblemente de la normatividad jurídica, como poco a poco se ha ido constatando.

Con estos antecedentes, se adelantó un fuerte movimiento ciudadano para revocar el mandato del alcalde, quien, además, fue suspendido por la procuraduría por participar indebidamente en política. Por exigencias formales, no siempre claramente identificadas, utilizando recursos jurídicos de toda índole, admitidos por una actuación desconcertante de la registraduría, finalmente no se llevó a cabo la revocatoria, pero si quedó en claro que, en una ciudad como Medellín, no basta con hacerse elegir, es necesario demostrar una alta capacidad de gestión y un importante nivel de representatividad.

En efecto, la sabiduría ciudadana ha dejado en claro que gobernar esta ciudad es una tarea de alta exigencia y seriedad, de manera que, en las pasadas elecciones del mes de octubre, los candidatos apoyados por el alcalde saliente sufrieron el castigo que manda la normatividad política, además algunos de sus inmediatos colaboradores están siendo investigados y su secretario privado, acaba de ser destituido mediante moción de censura aprobada por el concejo municipal. Como un juego de dominó, poco a poco todas las fichas se derrumbarán, es que con la democracia local no se juega.

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