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Colombia ha construido una democracia con imperfecciones, pero también con fortalezas; preservarla y mejorarla es una tarea que no depende de unos pocos.
Por Juan Manuel del Corral - opinion@elcolombiano.com.co
Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro, éstas no suelen derrumbarse únicamente por decisiones dramáticas o por fuertes rupturas. Con frecuencia se debilitan lentamente, cuando los ciudadanos comienzan a perder interés en ellas, cuando desaparece la confianza en las instituciones y muy especialmente cuando la controversia política se convierte en agresiones verbales, una vez se han agotado los argumentos y se radicalizan las posiciones.
Por eso es importante tener presente algo primordial, la democracia no es solo un sistema político, es ante todo una responsabilidad ciudadana. Todos sabemos que la democracia es imperfecta. Puede ser lenta y frustrante, pero sigue siendo el mejor mecanismo que las sociedades han encontrado para resolver diferencias sin violencia, garantizar libertades y permitir que los ciudadanos participen en la definición del rumbo de su país.
Cuidarla exige más que votar periódicamente, exige ciudadanos atentos, informados y comprometidos con su destino y su futuro. Las democracias sólidas se construyen cuando los ciudadanos comprenden que la vida pública no es un asunto ajeno, cuando entienden que lo público les pertenece y que las decisiones que se toman en el ámbito institucional afectan la vida de todos.
Por eso la democracia necesita algo más profundo que unos simples y periódicos procesos electorales. La verdadera democracia necesita confianza entre ciudadanos, confianza en las instituciones y en que las reglas del juego se respetan y las decisiones públicas siempre deben buscar el bien común.
Cuando esa confianza se debilita, la democracia se vuelve frágil, aparece la indiferencia, el desencanto y la tentación de buscar soluciones fáciles o autoritarias, es por eso que las sociedades que prosperan, entienden que la democracia se fortalece cuando los ciudadanos participan, se informan y exigen mejores estándares de liderazgo y de gestión pública. Cuidar la democracia significa defender las instituciones que garantizan su sano equilibrio basado en la meritocracia. Significa respetar la ley, valorar la independencia de los poderes públicos y entender que las reglas democráticas existen para proteger a toda la comunidad, no solo a quienes gobiernan.
En una sociedad es natural que existan diferencias, las democracias se nutren del debate y de la diversidad de ideas, pero ese debate solo puede ser constructivo cuando se genera sobre el respeto por las instituciones y por las reglas que hacen posible la convivencia democrática. Colombia ha construido a lo largo de décadas una democracia con imperfecciones, pero con fortalezas importantes; preservarla y mejorarla es una tarea que no depende de unos pocos, depende, sobre todo, de la actitud que cada uno de nosotros como ciudadanos frente a lo que significa lo público.
Las sociedades que progresan no son las que esperan que unos pocos resuelvan sus problemas, son aquellas en las que millones de personas comprenden que su participación, su vigilancia y su compromiso, son parte esencial del funcionamiento democrático.
El país que soñamos necesita instituciones sólidas, liderazgo responsable y ciudadanos conscientes de su papel en la vida pública. La democracia no se sostiene sola. Se sostiene cuando millones de ciudadanos deciden cuidarla y protegerla.