Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Me preocupa imaginar la posibilidad de que Iván Cepeda llegue a la presidencia.
Por Juan Manuel Cifuentes Hernández - opinion@elcolombiano.com.co
La tarde de aquel domingo 19 de junio de 2022 quedó marcada en mi memoria. Fue un junio triste, un día de dolor, impotencia, rabia e incertidumbre para millones de colombianos. Recuerdo esa noche como una de las más oscuras políticamente del país. Malú anunciaba en televisión que Gustavo Petro había sido elegido presidente. Y aunque para algunos significó una esperanza de cambio, para otros fue el inicio de un temor por el futuro de Colombia.
Ese 2022 lo recuerdo como el año del miedo y de la incertidumbre. Era la primera vez que Colombia elegía a un hombre de izquierda con pasado guerrillero para gobernar. Aquello representó un quiebre doloroso. Sentí que el país entraba en una etapa incierta y peligrosa, que no imaginamos. Yo tenía 15 años. Mientras muchos jóvenes estaban pendientes de cosas banales o pasajeras, me preocupaba el futuro de mi país, mi futuro. Desde pequeño me apasionó la política y siempre sentí amor por mi país. Cuando escuché aquel anuncio, grité: “No puede ser”. Sentí que ese mensaje paralizaba a millones de colombianos que defendemos la democracia.
El hombre que llegaba a la Presidencia me había perfilado y llamado “neonazi” por pensar diferente y atreverme a llevarle la contraria. Mientras era común encontrar jóvenes simpatizando con la izquierda, ser conservador parecía ir contra la corriente. Y yo, distinto ideológicamente al señor que hemos tenido que llamar “presidente”, seguía defendiendo mis ideas y mi visión de país. Lo duro de aquella tarde fue la sensación de angustia que millones de colombianos sentimos cuando se confirmó lo que yo veía como hecatombe política: Gustavo Petro iba a gobernar. Sentí que Colombia se pegaba un tiro en el pie. Me generaba desconcierto pensar que un país que consideré inteligente tomara una decisión que podía traer consecuencias graves para la democracia, la economía y la seguridad.
Me dolía que un país que ha sido víctima de la violencia guerrillera, eligiera presidente a alguien con pasado ligado a esa historia. Fue una decisión dolorosa y difícil. Siento temor de volver a vivir un día así. No quiero despertar otra vez con la sensación de que Colombia tomó un rumbo que pone en riesgo su futuro. Me preocupa imaginar la posibilidad de que Iván Cepeda Castro llegue a la Presidencia. Significaría más incertidumbre, más polarización y más amenazas para la democracia, la seguridad y la economía del país. Como joven, hago un llamado a votar pensando en el futuro y no en promesas o discursos de odio disfrazados de esperanza. Colombia necesita estabilidad, oportunidades, inversión, seguridad y confianza para quienes queremos quedarnos construyendo sueños. No quiero que mis amigos tengan que irse. No quiero ver empresas cerrando. No quiero sentir que la única salida sea convertirse en inmigrante o exiliado.
Quiero formar mi vida aquí. Creo en Colombia. No quiero volver a vivir otro junio marcado por el miedo ni otro 7 de agosto lleno de incertidumbre como en 2022. Colombia merece recuperar la confianza, la tranquilidad y la esperanza. Esa decisión, nos guste o no, está en manos de nuestra generación.