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No hay paso

Los perjuicios para toda la región, y en particular para el Suroeste antioqueño, siguen siendo incalculables.

hace 57 minutos
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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Hay una gran contradicción entre los planes de desarrollo turístico y la realidad. Nada menos en estos días se ha reunido el Congreso de Anato, con promisorias ideas sobre lo que podría ser la industria sin chimeneas a la vuelta de pocos años. Pero uno se pregunta cómo es posible que se realicen unos proyectos tan ambiciosos como los que han venido exponiéndose, para convertir al país en potencia turística mundial, si las vías terrestres de comunicación se mantienen en situación de atraso que muestra incompetencia, descuido y subdesarrollo de la ingeniería carreteable. Abundan los ejemplos.

Qué tal el retraso en la comunicación entre Antioquia y el Viejo Caldas. Cuántos decenios habrá que seguir esperando, para que sea verdad el antiguo sueño de viajar en tiempo razonable entre Armenia y Medellín, si un simple derrumbe obstaculiza el tránsito por años, sin posibilidades a la vista de que el bloqueo se resuelva pronto. Los perjuicios para toda la región, y en particular para el Suroeste antioqueño, siguen siendo incalculables. Hace más de medio siglo, un viaje entre la capital del Quindío y la de Antioquia duraba más de diez horas, pero se tenía por lo menos una cierta esperanza en que las cosas mejorarían con el paso del tiempo. Pero nada. Hoy en día, el viaje por carretera sigue siendo incluso más largo que el de antes.

¿Para qué han servido los costosísimos trabajos de remodelación, la ampliación de la vía y el virtual mejoramiento de la circulación, si un bus de pasajeros que sale de Medellín a las once de la mañana, sigue llegando a la terminal de Armenia a las siete de la noche? ¿Quién les responde a los pasajeros que han venido esperando de modo paciente el mejoramiento de una comunicación que sigue tan lenta como hace más de medio siglo? ¿Para qué un equipo rodante moderno, bonito, conducido por choferes expertos y ocupado por viajeros que no pueden escoger otro medio de transporte distinto del terrestre, porque el viaje en avión es demasiado costoso y escaso? En medio siglo perdido habría sido posible recobrar la línea ferroviaria, si no se hubiera cometido el gravísimo error de archivar la comunicación por ferrocarril, que podría ser la solución perfecta para un país despojado de posibilidades de transporte por las montañas, tanto de pasajeros como de carga.

No son pocos los países que superaron hace tiempos el problema del aislamiento interno, gracias al desarrollo ejemplar de la ingeniería ferroviaria, a la capacidad de forjarse un futuro digno en materia de comunicación terrestre y a la organización de grandes redes de vías que pongan en primer lugar el servicio a los ciudadanos sobre la satisfacción de las necesidades económicas de tantas empresas de transporte. En cada nación, y Colombia no se exceptúa, hay listas de vergüenzas nacionales. Una de las peores en el caso nuestro, es la ausencia de comunicación ferroviaria en pleno siglo XXI, con la frustración de las aspiraciones legítimas de la gente. Es increíble que el tren, símbolo de cultura y desarrollo ingenieril, en este país siga relegado, como si fuera un invento primitivo, porque en cada viaje por carretera hay retrasos vergonzosos, pues son frecuentes los avisos de “pare y siga” y “no hay paso”.

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