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Gobernar un serpentario

¿Cómo no entregarle el manejo del gobierno a una señora que sabe todos sus secretos y que si rompiera su silencio hasta el demonio se sonrojaría?

02 de diciembre de 2024
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  • Gobernar un serpentario

Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

Para los filósofos estoicos que nos invitan a no temer hacer lo difícil, el silencio no es la ausencia de palabras ni señal de ignorancia, sino una fuente de fortaleza y templanza que se manifiesta en la adversidad, una herramienta para cultivar la sabiduría y la dignidad, y una forma de habituarnos a dar espacio para escuchar y escucharse.

Un sabio hombre de las letras, Jorge Luis Borges, dijo: “No hables a menos que puedas mejorar el silencio”. Benedetti, no el escritor y poeta uruguayo, sino el maestro de la grosería y la desmesura, vive y se fortalece del silencio, pero no del que sugería Epicteto, sino el pernicioso silencio cómplice que explota a sujetos peores que el encubridor.

Recordemos unas delirantes confesiones de un encubridor herido que anunciaba quitarle el candado a la celda donde estaba recluido su silencio: “Nadie me deja tirado tres horas ahí, un man que hizo 100 reuniones en una campaña, un man que consiguió 15.000 millones y ahora ... que busqué toda la plata y tú lo sabes más que nadie, pa’ que se fuera a los hoteles, para que se viniera para acá y todo lo demás”. “Perdón, Laura, pero es que uno ya también explota. También es que se pasan de calidad, yo fui el que organicé todos los votos, hijueputa, en la Costa; todos, hijueputa, sin que pusieran un peso; y además esa plata se fue para el Pacífico, ¿quién ve eso ahora? Nada. ¿O es que quieren que diga, hijueputa, quién fue el que puso la plata?” ... “Con tanta mierda que yo sé, pues nos jodemos todos”.

Además de no saber hacerlo, porque adicionalmente eso implica trabajar sin descanso de lunes a domingo, ¿cómo podrá gobernar alguien un país si camina permanentemente por un campo minado de serpientes, y ocupa su alucinado cerebro intentando no molestar a los terroríficos personajes del espectro humano que lo ayudaron a llegar a donde lastimosamente llegó, desde camaradas en el monte que ahora dicen, al estilo Santos, no ser delincuentes, sino actores políticos; devolver favores a dictadores vecinos, que saben qué tipo de sujeto es y ha sido; y politiqueros de oficio que las únicas letras que logran pronunciar juntas son “CVY”?

¿Cómo no entregarle el manejo del gobierno a una señora que sabe todos sus secretos y que si rompiera su silencio hasta el demonio se sonrojaría? ¿Cómo iba a encontrar gente experta y decente para ocupar cargos públicos, sino entregárselos a quienes lo único que saben hacer es guardar silencio, y de tener que hablar solo repiten las consignas marxistas que aprendieron en el colegio y la universidad? ¿Qué pensarán los jóvenes que aspiran a participar en el Ejecutivo o pertenecer al cuerpo diplomático si estudiar no logra que te “inventen” un consulado mordaza en Roma o te nombren “asesor” presidencial? ¿Para qué educarse si es más fructífero guardarle secretos a un demonio y seguir el consejo de Stieg Larsson: “Todo el mundo tiene secretos. La única cuestión es encontrar donde están”?

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