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Ante la escasez de jóvenes que huyeron del país, el monstruo del Kremlin liberó a asesinos y delincuentes de las cárceles para matar ucranianos sin ningún control y barrera moral.
Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
Un proverbio ucraniano dice: “Donde hay trabajo, hay felicidad”. Eso quisieran pensar los soldados que la dictadura norcoreana envía por kilos al dictador Putin para que mueran en la frontera con Ucrania en vez de los cada vez menos soldados rusos.
Los 10.000 soldados norcoreanos enviados a Ucrania, adoctrinados con los slogans del partido comunista como esta “hermosa” pieza del lavado cerebral: “¡Convirtámonos en bombas humanas para defender con devoción al respetado Líder Supremo, camarada Kim Jong Un!”, estarán hasta felices porque por primera vez tendrán pasaporte, montarán en avión y saldrán del país cárcel, aunque será un viaje sin retorno y sus huesos y carnes serán abono orgánico para la fértil tierra ucraniana que siempre sirvió de granero a los rusos, especialmente cuando el comunismo se instaló a principios del siglo pasado.
Los jóvenes ingenuos votantes del socialismo del siglo XXI y de la Colombia Inhumana, no saben que el comunismo es invariablemente eficaz destruyendo la producción agrícola, como ha sucedido y sucede en donde ese perverso y antinatural sistema se implanta. Si no me creen pregunten cuánto y cuándo comen los cubanos y venezolanos.
Instalado el comunismo en Rusia, la producción agrícola colapsó, como luego pasaría en la China de Mao matando de hambre entre 15 y 55 millones de chinos, entonces Stalin ordenó a principio de los 30 robarse “toda” la cosecha de granos ucraniana, el Holodomor, como llaman los ucranianos a la muerte por hambre de 4 millones de ellos por el hurto del monstruo del Kremlin.
El nuevo monstruo del Kremlin, acosado por su derrotada invasión relámpago a Ucrania, una muestra más de la ineptitud del sistema ruso, incluso del militar, optó por lo único que les ha funcionado en las guerras, alargarlas hasta que el enemigo no resista, así deban sacrificarse cientos de miles de jóvenes rusos que no han disparado nunca en su vida. Ante la escasez de jóvenes que huyeron del país, el monstruo del Kremlin liberó a asesinos y delincuentes de las cárceles para matar ucranianos sin ningún control y barrera moral, y por eso la lista de crímenes de guerra rusos en Ucrania hace rato pasó por encima de 50.000.
Ahora, gracias a la solidaridad entre dictadores, aceptó el sacrificio humano que el monstruo norcoreano le envía probablemente a cambio de tecnología nuclear y quién sabe qué más cosas. Aunque supuestamente han mandado a “cuerpos especiales”, la mayoría de estos próximos cadáveres, son soldados mal entrenados y sin experiencia, porque su país no ha estado en guerra desde los años 50, que han comido unos gramos más de carne que la que ingiere un norcoreano normal, pero para convertirse en carne de cañón ruso.
Recordé la canción “War Pigs” de Black Sabbath de 1970: “Los generales reunieron sus tropas. / Al igual que las brujas en misas negras. / Mentes malvadas que planean destrucción. / Hechiceros de la construcción de la muerte. / En los campos, los cuerpos arden. / Mientras la máquina de guerra sigue girando. / Muerte y odio a la humanidad. / Envenenando sus lavados cerebros. /