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¿Dónde está la generación perdida de líderes?

El origen de aquella generación perdida está en la crisis de finales de los 90. Pocos hoy parecen recordarlo, pero a finales de la década de 1990 y comienzos de los 2000, Colombia vivía algunos de sus días más oscuros.

18 de junio de 2024
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  • ¿Dónde está la generación perdida de líderes?
  • ¿Dónde está la generación perdida de líderes?

Por javier mejía cubillos - mejiaj@stanford.edu

Colombia enfrenta una crisis de liderazgo. Todos lo sentimos. La incompetencia del gobierno actual nos frustra, pero nos frustra aún más sentir que la oposición—tanto desde los partidos políticos, como desde la intelectualidad y el empresariado—es terriblemente débil. Hoy quisiera resaltar una de las principales razones de ello, algo que quisiera llamar la “generación perdida de líderes”.

El origen de aquella generación perdida está en la crisis de finales de los 90. Pocos hoy parecen recordarlo, pero para finales de la década de 1990 y comienzos de los 2000, Colombia vivía algunos de sus días más oscuros. Era el país más peligroso del mundo, teniendo las mayores tasas de homicidio, secuestro, y extorsión del planeta. Nadie quería ir a Colombia—recuerden cómo, por ejemplo, por razones de seguridad, la selección argentina de futbol decidió no participar de la Copa América de 2001. Y a la profunda crisis de seguridad se le sumó la peor crisis económica de la historia del país. En 1999, Colombia experimentó la mayor contracción del PIB desde que se tienen datos, disparando el desempleo por encima del 19%. El ambiente que se vivía en el país era de completo pesimismo.

En el medio de este ambiente, los jóvenes que estaban empezando su vida profesional enfrentaron la decisión de apostarle a quedarse en un país que era catalogado como un Estado fallido o a buscar oportunidades en otras partes del mundo. Para ser precisos, no fueron solo los jóvenes. Entre 1998 y 2002, Colombia vivió un verdadero éxodo. Según datos de William Mejía, un gran experto en migraciones internacionales—que, por cierto, también es mi papá—la llegada de migrantes colombianos a EE.UU. se triplicó durante ese periodo (véase Figura 1). Y no solo fue EE.UU., España pasó de tener menos de 10.000 nacionales colombianos en 1998, a más de 100.000 en el 2002.

Hay mil cosas interesantes que decir de esta ola migratoria, pero no nos desviemos. Concentrémonos en los jóvenes que decidieron migrar. Pensemos en aquellos más talentosos—i.e. los más inteligentes, los más elocuentes, los más carismáticos, etc. Estos eran justamente los que más incentivos tenían para migrar y los que tenían más oportunidades de hacerlo. Estos tienen hoy entre 45 y 60 años y son, exactamente, el grupo poblacional que debería estar liderando el país.

Con esto no quiero decir que no hayan emergido líderes en Colombia dentro de esa generación. Entre los millones de jóvenes que se quedaron, por supuesto que hubo personas de las mayores capacidades. Además, no pocos de quienes migraron eventualmente retornarían y contribuyen hoy al país. El punto es que, con toda seguridad, la densidad de talento senior del país es hoy bastante menor de la que sería en un mundo en el que el éxodo no hubiera tenido lugar.

Pero más importante, quizá, es reflexionar sobre cómo la ausencia de estos talentos tuvo un impacto acumulativo en el suelo en el que germinaba el liderazgo en el país. La partida de estos talentos dejó las puertas abiertas para que otros jóvenes menos capaces escalaran más rápidamente. Es decir, en un mundo más competitivo, muchos de nuestros malos líderes hoy nunca habrían llegado a esas altas posiciones, sino que se habrían estancado en alguna posición intermedia y no tendríamos que cargar el peso de su mala influencia en este momento. Entonces, no se trata solo de que Colombia tendría un mayor número de líderes si el éxodo no hubiera tenido lugar, sino que en ese caso tendríamos, además, menos líderes malos.

Esto es importante porque evidencia las consecuencias de largo plazo de la pérdida de confianza en el país. La discusión sobre el creciente pesimismo en Colombia se ha concentrado en sus efectos de corto plazo, en la reducción de la inversión y su contribución al estancamiento de la economía, en particular. Sin embargo, ante escenarios de tanta incertidumbre, no es solo el capital financiero el que se aleja del país, el capital humano también lo hace. Pero a diferencia del capital financiero, que regresará rápidamente al retornar la confianza, buena parte de los talentos que han estado saliendo del país no regresarán prontamente, y su ausencia deteriorará, por décadas, la capacidad de nuestra sociedad para prosperar.

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