Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
El crecimiento solo conoce una sacrosanta fórmula alquímica: seguridad y estabilidad. Orden y progreso van de la mano
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
El giro hacia la derecha en Iberoamérica es lógico. Tras los desastrosos gobiernos populistas de ultraizquierda en las principales economías, el continente vira hacia el pragmatismo y el rigor económico y la seguridad ciudadana. El modelo de Bukele en El Salvador ha dado frutos en un estado que se daba como fallido por culpa de las maras y marca, en parte, el camino. Orden y progreso van de la mano y aunque sea precisamente Brasil una de las excepciones, junto a México, en este bandazo al que se une ahora Colombia, todo apunta a que en las próximas elecciones estos colosos se unan a la ola derechista.
Hasta Venezuela, en una situación estrambótica, con un régimen cleptocrático en el que sobreviven personajes siniestros como Diosdado Cabello, se encamina al ritmo que marque Trump en la misma dirección. De hecho, el régimen venezolano trata de volver al ruedo financiero e inversor global con una restructuración de su deuda. La presidenta “encargada” (por Trump) Delcy Rodríguez planea reconocer una deuda total de 211.600 millones de euros, lo que supondría la mayor reestructuración de la historia y una cantidad mucho mayor que los 132.000 millones de euros que los mercados preveían en mayo.
El banco estadounidense Centerview Partners publicará en julio un plan de viabilidad tras ser contratado por el Ejecutivo de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, según adelantó ayer el diario económico “Financial Times”. Antes se dará a conocer un cuadro macroeconómico que cuantificará el PIB venezolano en unos 88.191 millones de euros, muy por debajo de los 326.306 millones de euros de 2012, último año completo en el que Hugo Chávez estuvo en el poder. Recordemos que ese año el precio medio del barril de petróleo se movió entre 105 y 112 dólares y que Chávez dilapidó una década de precios altos en el monocultivo sin ser capaz de aprovecharlo para diversificar la economía.
Venezuela reconoce abiertamente que ha perdido mucho más que tres lustros y provocado uno de los mayores éxodos recientes de población por culpa del chavismo. Pese a haber normalizado en abril su relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el organismo multilateral no ha elaborado el plan de viabilidad venezolano, aunque sí habría mantenido discusiones técnicas sobre sus datos macro.
Venezuela anunció en mayo un “proceso integral y ordenado” de reestructuración de la deuda pública externa y de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) que el “think tank” independiente Official Monetary and Financial Institutions Forum valoró en US$150.000 millones. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, el objetivo era “liberar al país de la carga de la deuda acumulada” para posibilitar su “renacer”. Venezuela dejó de hacer frente a sus obligaciones en 2017 en medio de una hiperinflación. A su manera, entregada a los brazos de Trump y sus amigos, Venezuela intenta transitar de nuevo hacia el rigor y se aparta del populismo. El crecimiento (o el dinero, si lo prefieren) solo conoce una sacrosanta fórmula alquímica: seguridad y estabilidad. De nuevo, orden y progreso, el de verdad, van de la mano.