Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

Por Felipe Jaramillo Vélez - opinion@elcolombiano.com.co

La educación y sus muebles viejos

Es hora de superar la obsesión por programas rígidos y asignaturas aisladas para dar paso a áreas de conocimiento especializadas e interdisciplinarias.

hace 1 hora
bookmark
  • La educación y sus muebles viejos
  • La educación y sus muebles viejos

Por Felipe Jaramillo Vélez - opinion@elcolombiano.com.co

La resistencia es una reacción profundamente humana: lo nuevo fastidia y genera desconfianza. Sin embargo, el cambio también es inherente al ser humano; habitamos esa tensión constante entre aferrarnos a lo conocido y la necesidad inevitable de transformarnos. La revolución digital produjo, aunque muchos insistan en negarlo, ese verdadero Y2K que terminó por reconfigurarlo todo. De la noche a la mañana cambió la conversación y, con ella, se trastocaron hábitos, comportamientos, las dinámicas sociales y la forma misma en que entendemos y afrontamos la realidad.

Ese cambio, por demás abrupto, dejó a su paso una cantidad de muebles viejos que pasaron de ser el centro del decorado a acumular polvo en cuartos útiles o esquinas tapadas con cortinas. Una acumulación alimentada por la incapacidad de entender que no solo hay que reemplazarlos, sino salir de ellos para dejar que lo nuevo fluya. Al final, no se trata únicamente de mover las piezas, sino de atreverse a transformar los espacios, sus usos y la manera misma de habitarlos.

Los centros educativos actuales han pasado a ser bodegas de acumulación, y no hablo solo de lo físico, que ya es evidente, sino de lo conceptual: programas académicos que, por nostalgia, se niegan a desaparecer o a someterse a transformaciones. Pero la resistencia no termina en los currículos; se extiende a evaluaciones obsesionadas con la memorización, a la jerarquía rígida en el aula que ignora la autonomía del estudiante, y al uso de la tecnología como simple adorno digital y no como lenguaje pedagógico. En la educación, la lectura del futuro nunca ha sido un fuerte, debido no solo al miedo al cambio, sino a una robusta estructura estatal que se empeña en controlar lo que no debería y deja al garete aquello que sí requiere una intervención.

Para salir de este estancamiento no basta con mover los muebles; hay que derribar los muros. Es hora de superar la obsesión por los programas rígidos y las asignaturas aisladas para dar paso a grandes áreas de conocimiento que sean, al mismo tiempo, especializadas e interdisciplinarias. En un mundo donde los problemas reales no vienen divididos por materias, la enseñanza tampoco debería estarlo. El futuro exige itinerarios formativos flexibles, donde la ciencia converse con las humanidades y la tecnología se entrelace con la ética, permitiendo que el estudiante aprenda a conectar puntos en lugar de memorizar dentro de cajas cerradas.

La educación ya fue avisada y los diagnósticos sobran; falta la determinación de actuar. Seguir diagnosticando lo evidente sin ejecutar cambios profundos es apenas una forma sofisticada de pereza, un pretexto para aplazar lo inevitable mientras la realidad nos pasa por encima. De nada sirve señalar las grietas si, por pura tozudez, nos empeñamos en conservar las estructuras intactas. Es momento de dejar de redactar informes y empezar a mover la estantería: sacar los muebles viejos que hoy solo hacen estorbo y despejar el espacio para que la enseñanza, por fin, habite el presente.

Sigue leyendo

Por Felipe Jaramillo Vélez - opinion@elcolombiano.com.co

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD