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La riqueza de un país no está solo en lo que tiene, sino en lo que aprende a hacer con lo que tiene.
Por Juan Manuel del Corral - opinion@elcolombiano.com.co
Durante décadas hemos escuchado que Colombia es un país con un enorme potencial. Tenemos recursos naturales, biodiversidad, ubicación privilegiada, regiones diversas y gente maravillosa, creativa, trabajadora y emprendedora. ¿Cómo convertimos ese potencial en realidad?
En la vida empresarial aprendemos que una buena iniciativa es el comienzo. Para generar desarrollo debe convertirse en un bien o servicio que responda a una necesidad, encuentre un mercado, genere ingresos y permita crear empleo, invertir y crecer. Algo semejante ocurre con los países. Tener recursos no garantiza prosperidad, tampoco tener buenas ideas. La riqueza se genera cuando se incorpora conocimiento, tecnología y trabajo a esos recursos para convertirlos en productos y servicios que generen valor. El profesor Ricardo Hausmann, de Harvard, plantea que los países no progresan simplemente “haciendo más de lo mismo”; avanzan cuando acumulan conocimiento, desarrollan nuevas capacidades y aprenden a producir bienes y servicios más diversos y sofisticados.
Esto nos plantea un cambio de perspectiva; en lugar de preguntarnos qué tenemos en Colombia, deberíamos analizar qué sabemos hacer bien, qué podríamos aprender a hacer mejor y dónde podemos construir ventajas competitivas. Nuestros recursos naturales, la variedad climática, el agua son una posibilidad, no garantía. La agricultura, la biodiversidad, la energía, la ubicación geográfica o el talento regional adquieren valor cuando incorporamos conocimiento, tecnología, productividad, calidad y capacidad para llegar a los mercados. Y para lograrlo necesitamos construir juntos. La academia genera conocimiento, investiga y forma talento. La empresa identifica necesidades y oportunidades, asume riesgos, innova y lleva productos y servicios al mercado. El Estado crea condiciones, infraestructura, reglas claras y políticas que faciliten inversión y desarrollo de capacidades.
Cuando estos tres mundos trabajan sin coordinación, desperdiciamos posibilidades. Cuando se encuentran alrededor de oportunidades, el conocimiento se transforma en innovación. Somos un país lleno de iniciativas, esa creatividad es una gran fortaleza. Debemos acompañarla con la disciplina de ejecutar, medir, corregir, perseverar y llevar las buenas ideas a resultados.
No se trata de escoger desde un escritorio cuáles deben ser las actividades económicas del futuro. Cada región necesita identificar sus capacidades, recursos y posibilidades.
El propósito final es crear mejores empleos, elevar ingresos, ampliar oportunidades y permitir que más personas desarrollen sus capacidades y construyan su proyecto de vida. Esta conversación también es sobre equidad. La riqueza de un país no está solo en lo que tiene, sino en lo que aprende a hacer con lo que tiene. Colombia tiene potencial, ahora debemos transformarlo en realidad.