Pico y Placa Medellín
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Por Federico Arango Toro - @fedearto
Estamos a un día de recoger las carpas de nuestro circo político para la elección presidencial, el cual en esta temporada contó con más de cien artistas simulando el papel de candidatos, no como demostración de una democracia arraigada, pujante y floreciente, sino como prueba del abuso que de ella hacen decenas de candidatos con inflados egos y vanidades, varios repitentes cada cuatro años.
Esta no ha sido una campaña destacada por el agite de ideas y propuestas novedosas; tampoco por debates entre candidatos, que no los hubo por temor de algunos a ser desnudados en público. Al final solo recordaremos la polarización entre los candidatos con mayor favorabilidad durante el proceso, a más de la insulsez del papel realizado por el resto de figurones y su tibieza final para tomar posiciones responsables de cara a la segunda vuelta presidencial.
De tan deprimente, y por momentos vergonzosa, campaña, llegamos a la elección final entre dos extremos distantes en todo sentido. Se nos ofrecen en la práctica, como en las apuestas hípicas, dos trifectas, que devuelven dividendos absolutamente diferentes para el país, la sociedad y el ordenamiento institucional. De un lado está la trifecta compuesta por Democracia, Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo; del otro, la integrada por Totalitarismo, Cepeda y Quilcué. Dos opciones, dos caminos divergentes y dos futuros disímiles.
El análisis entre tripletas comienza por considerar la opción entre democracia y totalitarismo. El candidato Abelardo claramente se ha declarado en favor de nuestra organización como Estado social de derecho, democrático, participativo y pluralista, con sujeción plena a la Constitución de 1991. Por el contrario, del dubitativo Cepeda, comunista ortodoxo, candidato de Petro, cercano a las FARC y a la fracasada Paz Total, cabría esperar la profundización de formas de gobierno totalitarias ya insinuadas por Petro, al estilo de lo tristemente ocurrido en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Sus aburridas lecturas de discursos, a cambio de la confrontación abierta de ideas, pueden insinuar el tamaño de su “guardao”. Con relación a lo más trascendental que representa e inspira cada candidato, lucirían como innecesarias comparaciones adicionales. Sin embargo, es imposible omitir un cotejo directo entre candidatos a vicepresidente, bajo la perspectiva de que son los llamados a reemplazar al presidente en ausencias temporales o absolutas, para lo cual deberían poseer condiciones y capacidades de estadistas.
El Dr. Restrepo cuenta con preparación académica, experiencia y méritos profesionales comprobados como exministro en Comercio y Hacienda para ejercer con suficiencia el cargo, en tanto que la líder y senadora Aida Quilcué no los posee. No es, de ninguna manera, una censura para hacerle a ella, quien ha trabajado en representación de su comunidad, pero sí a Cepeda por su irresponsabilidad al escogerla como compañera de fórmula, muestra del menosprecio del candidato por los asuntos del Estado.
Colombia está, pues, ante una grave disyuntiva. O defendemos la democracia votando con entusiasmo y mayoritariamente por Abelardo y José Manuel, o la perderemos por años dejando que ganen Petro y su candidato de izquierda.