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Política y religión

hace 2 horas
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Por Fanny Wancier Karfinkiel - fannywancier7@gmail.com

Mientras la política es utilitarista, se rige por intereses y sostiene que actúa por el bien común, la religión busca beneficiar al prójimo, trascender lo cotidiano y transformar lo mundano en sagrado. A primera vista sus objetivos parecen distintos sin embargo son similares, en la medida en que la dedicación y abnegación que ambas requieren suele dejarse de lado en aras de la necesidad de enfatizar el ejercicio del poder y la pertenencia a lo que se considera exclusivo o, más bien, excluyente. La cuestión se pone aún más difícil cuando la política y la religión se entrelazan haciendo que, desvirtuándose mutuamente, el Estado de secular pase a ser confesional, la autoridad emane de dios, y los valores extraterrenales manden la parada.

Recordemos algunos ejemplos a lo largo del tiempo: en el antiguo Egipto el faraón era la encarnación de dios, intermediario entre la divinidad y el pueblo, en el Califato Abasí (750 d.C) el califa era líder religioso y político, a partir del siglo X el poder papal derivado de dios se entrelazaba con reyes y emperadores, en la Reforma y Contrarreforma del siglo XVII en Alemania e Italia los estados y las religiones configuraban las estructuras de poder y, así mismo, los españoles con su “ardor de fe” conectaron la Iglesia a la política cuando colonizaron América. Actualmente, países con entrelazamiento político-religioso son Arabia Saudita cuya ley se basa en la Sharia islámica, Afganistán asentado en la ley islámica, el Vaticano, teocracia donde el Papa es jefe religioso y jefe de estado, Irán donde el clero tiene un papel dominante.

Enlazar política con religión es un fenómeno complejo que varía en ciertos contextos y, aunque no en todos los casos produce violencia, conlleva más inconvenientes que beneficios. Los que defienden la unión consideran que hay una mayor promoción de la justicia social, estimula la solidaridad y puede aclarar los derechos y valores de la gente. Sin embargo, la religión tiende a politizar la fe desviándola de su propósito original, generar un liderazgo que no representa a toda la población, y suele desarrollar confusión en la medida en que lo que se predica a veces no se practica. Por ejemplo, cuando se utiliza como fachada para manipular o, perdiendo sus límites, demoniza a quienes tienen creencias diferentes expandiendo odio, persecución y muerte.

Acontecimientos recientes registran una mayor influencia de la religión en asuntos internacionales. La frase el poder religioso pretenderá que sus fieles sean también sus súbditos y, a su vez, el poder político pretenderá que sus súbditos sean simultáneamente sus fieles, nos alerta sobre separar la Religión del Estado, defender el laicismo y no caer en esferas emocionales vinculadas a la manipulación. Es una forma de garantizar que las leyes se basen en los derechos humanos y no en adoctrinamientos derivados de dogmas que frenan el pensamiento crítico.

“Sin libertad religiosa y una separación estricta entre Iglesia y Estado, reyes, nobles y sacerdotes, amenazan con crear una peligrosa aristocracia”. Thomas Jefferson.

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