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El tiro por la culata del régimen iraní

Es difícil predecir lo que viene. Los regímenes autoritarios tienen una capacidad perturbadora para sobrevivir más de lo que uno quisiera. Pero lo que sí es claro es que el 7 de octubre no fue el inicio del ascenso iraní. Fue, ojalá, el principio de su fin.

hace 1 hora
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  • El tiro por la culata del régimen iraní

Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

Hay una ironía brutal en la historia del 7 de octubre de 2023. El régimen de los ayatolas en Teherán creyó que había encontrado la jugada maestra: ordenar a Hamas ejecutar el ataque más devastador contra Israel desde su fundación, desatar el caos en Medio Oriente y consolidar su posición como potencia regional. Lo que no calcularon —o no quisieron ver— es que ese mismo ataque encendió la mecha de su propia implosión.

El plan parecía impecable sobre el papel. Hamas, brazo armado del régimen iraní en Gaza, lanzaría una operación de proporciones históricas que hundiría a Israel en una guerra de múltiples frentes y sin salida, lo aislaría internacionalmente y elevaría el prestigio de Teherán entre sus aliados. Dos años después, la realidad es otra. Hamas y Hezbolá —los dos ejércitos apéndice con los que Irán proyectaba su poder en la región— son hoy una sombra de lo que fueron. Su capacidad operativa está destrozada. Su liderazgo, diezmado. El daño que pueden infligirle al Estado de Israel es una fracción de lo que podían hace apenas veinticuatro meses. Irán apostó sus fichas más valiosas en el tablero y las perdió.

Pero el costo no se limita al frente externo. Dentro de Irán, más del 70% de la población —según encuestas realizadas en ese país— rechaza continuar bajo el régimen teocrático y totalitario que impuso el ayatolá Jomeini en 1979. Cuarenta y siete años de revolución han dejado una economía en ruinas, una cultura asfixiada y una sociedad que mira hacia afuera con una mezcla de nostalgia y rabia. Los iraníes no quieren pagar con hambre y aislamiento la aventura imperial de sus gobernantes. Hoy en día la moneda no vale nada, hay problemas serios de suministro de los bienes mas básicos y hay un descontento generalizado de la población.

Y luego está Siria. La caída de Bashar al-Assad —aliado estratégico de Teherán durante décadas y corredor vital para el suministro de armas a Hezbolá— fue uno de los episodios más reveladores de este proceso. No fue un accidente. Fue otra consecuencia en cadena del reacomodo que desató el 7 de octubre. Con Assad fuera, el eje iraní perdió un eslabón irremplazable. La implosión que muchos veían venir se hizo visible para todos.

Independientemente de si uno está o no de acuerdo con los acontecimientos recientes del ataque a Irán por parte de Estados Unidos e Israel, es innegable que el cálculo político del régimen iraní resultó totalmente al revés de lo que esperaban. Lo que buscaba era cambiar Medio Oriente a su favor. La región cambió para siempre, sí, pero de una manera que Teherán jamás imaginó.

Es difícil predecir lo que viene. Los regímenes autoritarios tienen una capacidad perturbadora para sobrevivir más de lo que uno quisiera. Pero lo que sí es claro es que el 7 de octubre no fue el inicio del ascenso iraní. Fue, ojalá, el principio de su fin..

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